Carmen abrió las puertas del closet para comenzar el ritual de orden, jaló las manijas en las mismas fechas que lo hicieron otras mujeres en otros tiempos. Los cajones se vacían y reclasifican mientras se van a remojar las prendas que guardan humedad y olvido. Entonces se ponen en el escaparate de la cama y el piso, las prendas a las que hay que juzgar para definir su permanencia o no. A cada prenda se le tiene cariño, por algún motivo fue elegida para cuidar y proteger la intimidad de la piel y el cuerpo. Ahora viene el juicio injusto. ¿Qué se queda, qué se va? La antigüedad no tiene que ver como criterio. Carmen rescata año tras año algunas prendas y otras apenas resisten el primer juicio. Años atrás descartó los abrigos heredados por la tía abuela, no quiso cobijarse con ellos aunque eran de buena lana, despreció la herencia de las mujeres de su familia para desear cobijarse con su propia ropa. Así que, elegir lo que de Uno mismo ya no cobija, se vuelve más complicado. La medida es un buen comienzo. Carmen le dice adiós a la ropa de talla chica, su carne no cabe más en las medidas de la tela. Otras le quedan chicas del alma, le hacen parecer con una personalidad que ya no le viene ni representa a la que es. Hay prendas que forza en salvarlas del exilio, les tiene tanto afecto y piensa que realmente las usará, y las guarda en el cajón de “por si acaso”, aunque en el fondo sabe que ya no las necesita y debería desocupar el lugar para dar espacio a lo nuevo. Este año se esforzó por abrir los cajones y desprenderse del afecto entrañable de algunas prendas y de un sólo jalón llenó dos bolsas grandes con la ropa que sacaría de su vida, por ello decidió no pensarlo demasiado y se concentró en la sensación que se libera cuando una mujer sabe que su closet está en orden y limpio. Cerró los ojos y se imaginó entrando a su casa sabiendo que ese espacio ya está en orden y aunque nadie más lo note al entrar a la casa, ella sabe que su closet se ha ampliado. A Carmen le ayudó pensar en espacios abiertos y bañados de aire, se imaginó que prestaría atención a otras texturas y colores y se atrevería a cambiar sus combinaciones habituales para dejarse renovar con mayor frescura.
Tras la limpieza, las puertas ya están cerradas nuevamente, pero aún así el aire fluye y se respira mejor.
Carmen recibió otro año más, limpiando y renovando lo mismo que no es lo mismo, ampliando el closet y haciendo la labor de respirar una nueva casa.













