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1.01.2011

El orden tras las puertas cerradas



Cuando las mujeres limpian el espacio, la naturaleza salvaje se desarrolla mejor. 
Clarissa Pinkola Estés.

Carmen reflexionaba que en estas fechas le llaman año viejo a los últimos días, horas y minutos a pesar de que son nuevecitos, como los primeros del año. Los últimos días –se cree- forman parte de lo viejo como si al día siguiente realmente viniera todo lo nuevo. Aún así, pensaba en hacer los rituales de despedida para prepararse a lo nuevo.
Carmen abrió las puertas del closet para comenzar el ritual de orden, jaló las manijas en las mismas fechas que lo hicieron otras mujeres en otros tiempos. Los cajones se vacían y reclasifican mientras se van a remojar las prendas que guardan humedad y olvido.  Entonces se ponen en el escaparate de la cama y el piso, las prendas a las que hay que juzgar para definir su permanencia o no. A cada prenda se le tiene cariño, por algún motivo fue elegida para cuidar y proteger la intimidad de la piel y el cuerpo. Ahora viene el juicio injusto. ¿Qué se queda, qué se va? La antigüedad no tiene que ver como criterio. Carmen rescata año tras año algunas prendas y otras apenas resisten el primer juicio. Años atrás descartó los abrigos heredados por la tía abuela, no quiso cobijarse con ellos aunque eran de buena lana, despreció la herencia de las mujeres de su familia para desear cobijarse con su propia ropa. Así que, elegir lo que de Uno mismo ya no cobija, se vuelve más complicado.  La medida es un buen comienzo. Carmen le dice adiós a la ropa de talla chica, su carne no cabe más en las medidas de la tela. Otras le quedan chicas del alma, le hacen parecer con una personalidad que ya no le viene ni representa a la que es. Hay prendas que forza en salvarlas del exilio, les tiene tanto afecto y piensa que realmente las usará, y las guarda en el cajón de “por si acaso”, aunque en el fondo sabe que ya no las necesita y debería desocupar el lugar para dar espacio a lo nuevo. Este año se esforzó por abrir los cajones y desprenderse del afecto entrañable de algunas prendas y de un sólo jalón llenó dos bolsas grandes con la ropa que sacaría de su vida, por ello decidió no pensarlo demasiado y se concentró en la sensación que se libera cuando una mujer sabe que su closet está en orden y limpio. Cerró los ojos y se imaginó entrando a su casa sabiendo que ese espacio ya está en orden y aunque nadie más lo note al entrar a la casa, ella sabe que su closet se ha ampliado. A Carmen le ayudó pensar en espacios abiertos y bañados de aire, se imaginó que prestaría atención a otras texturas y colores y se atrevería a cambiar sus combinaciones habituales para dejarse renovar con mayor frescura.
Tras la limpieza, las puertas ya están cerradas nuevamente, pero aún así el aire fluye y se respira mejor.
 Carmen recibió otro año más, limpiando y renovando lo mismo que no es lo mismo, ampliando el closet y haciendo la labor de respirar una nueva casa.


2.04.2010

Un rayito de sol

Desde el domingo, el cielo gris no había perdonado al sol.
Lo tenía castigado en una esquinita y en lo oscuro.
Días y días de lluvia.
Las presas se llenaron, una desbordó.
Hoy no tuve clases,
mañana tampoco, dice protección civil.
El cielo inocente -diría el físico- luego se limpia como si no hubiera hecho nada.
Hace unos minutos apareció un rayito de sol.
Los pájaros están en las copas de los árboles, bailan y cantan.
Las nubes en un vals se mueven.
El cerro de los Pichachos reverdeció.
Los adoquines están limpios.
La ciudad en silencio.
Nadie lo cree.
Salió un poco al sol.



1.17.2010

Estación del norte

Una voz te da la bienvenida y anuncia cuidar tu seguridad. Las señoras de las taquillas gritonean las salidas de los autobuses, a ver si te convencen de ir a Reynosa. Hay gente que durmió ahí toda la noche. La fila para los taxis seguros a veces se alarga y en otras es solitaria. Me gusta pedirle boleto al hombre que atiende la taquilla, se parece a Alfredo Palacios antes de tantas cirugías. Un hombre va con un perro pastor alemán y lleva a su cuello un sonar, no, no es cierto,  un protector a su cuello para que no se muerda, en la pierna la trae una herida roja, una señora ve al perro, y hace un gesto de asco y luego mira a su dueño molesta por descuidarlo. En la librería una señora pide sugerencias que hablen de la relación de pareja, quiere regalarle uno al marido, el que atiende se porta muy profesional y dice haber leído los libros, no lo sé. En la tienda de regalos venden una postal tridimensional que abres y dice "la ciudad de los palacios", es como esos libros que anhelabas tener de niño. La gente se amontona en el puesto de los tacos de barbacoa, ¿estarán buenos? no me arriesgué. Siguen anunciando en el altavoces asuntos sobre la seguridad. Hay gente mendigando y no les doy nada, desconfío. Una pareja de güeros caminan por el pasillo, todos los vemos, son altos, son extranjeros, nadie lo duda, quizá alemanes, resaltan entre nostros los peques morenos. Hay un poco de neblina afuera. La gente sigue caminando sus historias. Yo voy por mi boleto de taxi, me atiende Alfredo Palacios, es muy formal, serio y nunca intenta cobrarme más, es otro de mis cajeros estrella.



11.02.2009

Calavera



En el otro lado, con la parca
estaban las locas blogueras
sentadas en una banca,
esperando la hora santa
estas locas argüenderas.

Una a una, serían llamadas
para escuchar sus plegarias
y si acaso fueran buenas
sus vidas serían salvadas


La Maga muy preocupada
"Denme chanza. No me lleven,
que no ven, que estoy preñada"

La arañita "Todavía"
"cómo que me toca!
si no he vivido Todavía"

La Chapis con su ratón,
llena de virus, se salvó,
al final fue la parca quién decidió,
"con lo virus no puedo yo"

La parca dijo, "dos de tres
me las llevo a mi cantón
pero la próxima vez
no se salva ni el ratón"


Todavía y la Maga
están en la otra vida.
la arañita teje una manta
y la Maga dice "está bien chida".

5.12.2009

Amor

Cotidianamente vela por su bienestar. Le cuida, le observa. Corre a darle protección por si acaso el viento, la brisa o el polvo quisieran hacerle daño. Parece que no ha sido lastimado, pero él está ahí, dando unas caricias y miradas, miradas de amor. Es un amor religioso, ritualista. Le acaricia incansablemente y con una franela suave le frota, le limpia o simplemente acaricia. Mi vecino, deja la puerta entreabierta de su casa, para desde la sala seguir cuidando y observando que no le pase daño alguno. Mi vecino expresa un culto en ese amor cercano e inevitable, casi puede verse reflejado en él.

El auto y su hombre a veces son UNO.

2.28.2009

¿Quieres ser John Malkovich?


Su mirada está en las calles de Guanajuato, aquí transitan esos ojos que buscan encontrarse. Tiene un aire de locura, travesura y tranquilidad. Cuando lo veo caminando, me pregunto si será feliz. Quisera acercarme a saludarlo, pero me apena. ¿Por qué anda por aquí? ¿En verdad es él? Entonces fantaseo que sí es Malkovich y me apeno cuando lo veo. A veces quiero preguntarle cómo se siente al parecerse tanto a él. ¿Será que entró a la puertita que lo convierte en John Malkovich y trabaja como empleado de gobierno en la capital de Guanajuato? Quizá se toma vacaciones de vez en cuando y juega a ser un personaje nuevo de sí mismo, con una esposa mexicana, con hijos, con rutinas de ir al mercado y al trabajo ordinario. Imagino que aquí reside el actor, que se encubre en un hombre común y corriente, con pantalones grises, con un suéter café -gastado por los años-, camina por los callejones y aguza su mirada sonriendo y burlándose de todos los que no somos Jonh Malkovich.

10.05.2008

CAMBIOS

Los primeros cambios.

OTROS:
Eyyy! Te ves muy bien, tu rostro es diferente, te ves más relajada,
tu vibra es otra, qué bien te sienta el cambio.

YO:
De pronto no sé si es regreso o revolución en mí misma.
Pero, genial.
Quiero seguir cambiando.

Los siguientes cambios.


OTROS:
Vaya! te ves más plantada, más mujer,
parece que has crecido (real y metafóricamente).

YO:
Ufff! toda una responsabilidad.
Soy más directa, más clara, me enrollo menos,
quiero estar más ligera, no más dramatismos.

Y lo que sigue.

YO:
¿Sigo cambiando?
¿Seguirá en mí lo que tengo de otros?
¿Lo verán?
¿Me querrán aún?
¿Me seguirán aunque siga cambiando?

OTROS:
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...
..
.
.
.

8.04.2008

Caminatas


Dicen que fui bastante atrevida y ansiosa de aprender a caminar, hay fotos en los álbumes familiares donde mis acrobacias desde la andadera hasta el piso me muestran con equilibrio y gracia. Quizá desde entonces intuía lo que una caminata ofrece. En el kinder participé en una competencia de caminata por Av. 16 de septiembre, con uniforme blanco y visera roja (en un cajón de casa de mis papás está la foto del periódico de ese evento). Mis caminatas matutinas hacia el kinder o la primaria las recuerdo con agrado, todos los días al pendiente de las novedades: si un árbol caído, si un personaje nuevo o diferente a la “señora yogui” que siempre corría, si un charco enorme como lago, si un animal nuevo en la casa que usaban como establo. Las caminatas en la adolescencia por el paisaje semi-urbano de Huentitán, caminatas largas hasta el mirador de la barranca, caminatas desde la Plaza de Toros hasta la casa. Después recorrí a pie la ciudad, la conquisté, me la apropié, desde el Instituto Cabañas, atravesando las plazas: la tapatía, la de armas, de las sombrillas, pasando por el ex-convento del carmen, parque revolución, la universidad, las casas antiguas de av. Vallarta hasta la avenida Américas. Cuando se me acabó la ciudad, disfruté de hacer viajes y caminar en otras ciudades, andar por ciudades desconocidas y descubrir rincones inesperados y sorprendentes, tomar fotografías o sólo caminar por caminar.

He disfrutado distintos paisajes al caminar en el bosque, en la selva, en la arena; dentro de una cueva, de una mina, de un cráter o de una gruta. Me encanta disfrutar el recorrido ya sea bajo la lluvia, el sol, la luna. El ritual termina con unos cuantos dolorcitos en mis pies y su masaje respectivo en agradecimiento a su “compañía sustentable”.
Gracias piesecitos del 2 y medio ó 3 por soportarme tanto.

Testigos de vida


Los amigos, entre otras bellas y hermosas funciones, son testigos de vida. Los amigos pueden guardar en la memoria (con sus dosis consabida de emociones, torsiones y creaciones) lo que ha sido nuestra vida, ellos han sido testigos de pasajes lisos, rugosos, rigurosos, tensos, divertidos y ligeros de nuestras vidas. En los momentos de olvido ellos me recuerdan lo que he guardado en los cajones de la esperanza, del deseo y del espejo. Tengo amistades bajo la modalidad virtual y presencial, sin que esto implique que alguna de éstas sea superior o inferior a la otra, en ambas se abren diálogos que me acompañan aún cuando no nos hemos visto, hablado o conectado. En lo cotidiano me descubro platicando con ellos, preguntándoles y escuchando sus sabias preguntas y respuestas. Comparto amistades en las que sólo pongo pausa y rápidamente sin necesidad de tanto preámbulo en cualquier momentos ya estoy de nuevo en el lugar. Disfruto también descubrir lo habrá en esas nuevas amistades, que apenas me van a acompañando, y juntos vamos descubriendo un guión, una película. Me asombran aquellas que considero amistades a pesar de sólo habernos visto unas cuantas veces en la vida y cuyos encuentros me ha dejado sorprendida.
La amistad es un rebautizo de nombres, me han encantado las múltiples maneras cómo me han nombrado: Pedazo, Peque, Pequeña, Chapita, Pata, Patita, Papita, Patuchis, Patucha, Patruska … Ese rebautizo inaugura en mí diversas formas. Gracias, testigos de vida, por enseñarme las variadas maneras que tengo de ser y estar.

8.02.2008

Los cuevanenses

Algún cuevanense me dijo:
“Somos raros. Somos los únicos que le hacemos fiesta a una presa y a una cueva”.

La apertura de la presa se retrasó. Ahí estuvo la filarmónica acompañando la primera apertura, en esta temporada, de la compuerta de la presa y poniendo término a las fiestas de San Juan y a los espectáculos de la Alhóndiga con música popular y banda. Gracias a Dios terminaron, porque esos conciertos que no me gustan y se metían a la casa sin ser invitados.
Lo que me maravilla es ver iluminado el cerro durante las fiestas de la cueva, en las dos últimas noches de julio volteas hacia el cerro y ahí está majestuosamente iluminado. Los cuevanenses de corazón adoran al cerro, a los picachos, a la bufa, a la cueva. Visitan al patrón de la cueva, va gente desde diversas comunidades, algunos en peregrinación, en cabalgatas, o en los camioncitos que salen desde el cantador. Hay historias de miedo de gente que murió en el camino, de mandas no cumplidas y que, si te descuidas, algún muertito te enjareta.
Los cuevanenses y sus fiestas tienen un sentido comunitario y de pertenencia, la gente se congrega, se alegra, se divierte, no tiene tan cargado ese cariz dramático ni de sacrificio que tienen otras fiestas mexicanas. Así que vivan las fiestas, que la del día de las flores es la que más me encanta.


7.05.2008

Semilla en la nariz

Memo tomó a escondidas de su mamá una de las semillas de la mesa. En su mano, la semilla huérfana le decía que necesitaba humedad. La tomó con su pulgar e índice y ayudándose del reflejo del espejo pudo introducirla a su nariz. El calor había llegado y en lugar de 4 vasos de agua, ahora Memo necesitaba tomar 8. “Rinits” dijo el doctor- “su nariz está ligeramente inflamada y tomar mucho líquido es lo que necesita”. En la escuela, la maestra pensó “se está volviendo burro” cuando por primera vez salió por la oreja la punta verde de una hoja tímida y coqueta. Y Memo al despertar dijo “no recuerdo haber dormido sobre ninguna maceta” al ver las ramas y hojas que salían de las orejas y nariz. La familia quiso ocultarlo durante el primer mes y Memo iba a la escuela con una bolsa de papel sobre la cabeza, sus ojos se asomaban y veía que los niños se alejaban de él como si se escondiera un monstruo. Una mañana, durante la clase, las hojas y ramas se desesperaron de no sentir el sol, así que trozaron la bolsa y salieron desenrollándose hasta la ventana que da al patio. La maestra gritó, unos niños se asustaron y otros aprovecharon la oportunidad que le proporcionaron las ramas para colgar su suéter y sus loncheras.
Las ramas y hojas continuaron creciendo mucho más pronto que Memo, ya daban sombra y era una ventaja cuando debían jugar canicas en el terreno de Don José. De niño fue una gracia, pero ya en el sexto de primaria las niñas no se le acercaban ni le acariciaban las hojas como cuando era niño. En esta época sus brazos fueron endureciéndose y las uñas de sus dedos fueron cambiando por ramas.
Durante una noche, en que Memo se sentía solo, envío un mensaje por internet a asociaciones en pro de la infancia: “Ayuda, soy un niño-árbol mis amigos ya no me buscan.” Green Peace contestó: “Ofrecemos sueldo atractivo, viajes exóticos por el mundo, por favor llenar solicitud anexa a este mensaje”. Los padres de Memo leyeron las condiciones y el contrato, aceptaron que su hijo fuera el símbolo viviente de la asociación ecologista. El niño-árbol testimonio de la naturaleza vegetal y humana, un ser que hablara de ambas condiciones. Memo emprendió su gira mundial, preparaba discursos y entrevistas tanto en congresos como en manifestaciones. Los siguientes cinco años fueron llenos de trabajo, el follaje de Memo creció de tal manera que su parte humana era cada vez menos visible. En los hoteles no había espacio para él y era frecuente que tuviera que dormir en el jardín junto a los demás árboles. Green Peace tenía más fondos y menos tiempo para preocuparse por la condiciones de su símbolo viviente. Aquel domingo, recordara Memo, se encontraban marchando por una avenida en París, el calor insufrible, un maniático saliendo entre los espectadores con una antorcha y rociándole las hojas secas. Por la avenida, Memo corrió con sus ramas encendidas, la antorcha más grande del mundo buscando ser apagada. El río a unas cuadras, los bomberos tras el árbol, Memo tras el río. Después del accidente Green Peace no se interesaba por tener un símbolo lisiado y dio por terminado el contrato regresando a Memo a casa.
Los padres recibieron a Memo no de muy buena gana, le dieron alojo en el patio trasero. Memo es un árbol adulto, la ecología pasó de moda y se quedó abandonado rodeado por otros árboles a los que no entiende. Tiene sed de columpios para novios y de nidos de pájaros. La noche cae y Memo desconoce las intenciones de los árboles y de los humanos, ya no sabe de su naturaleza vegetal mucho menos de la humana.

6.25.2008

Inquilinos.


Soy un Guanajuato en miniatura. Mi geografía interna es –como diría Ibargüengoitia- de una arquitectura fácil de distinguir, difícil de definir. Mi poblado interno alberga casas de colores, distribuidas a diferentes alturas, distancias. Hay casas con balcones adornados con macetas, casas con perros en las azoteas o con gatos retozando en la ventana. Los personajes de mi vida habitan en una de esas casas, yo los he recibido como inquilinos honorarios, sin renta, sin depósito y sin fecha de cancelación de contrato. Algunos habitan desde hace años, y siguen aquí construyendo, ampliando su territorio cuidando sucasa-lamía-lanuestra. Hay quienes emigraron desde hace tiempo y dejaron su huella, su espacio, y de vez en cuando se asoman, se dan una vuelta y juntos desempolvamos lo que siempre ha habido aquí. Hubo inquilinos, pocos en realidad, que tuve que sacar -no cuidaron del lugar, le hicieron grietas- personajes que aún están asomándose, adjudicándose derechos y opinando sobre el lugar que habitaron. Con otros, estoy dispuesta, ansiosa de recibirlos, pero no coincidimos, así que la casa para ellos está en espera de ser habitada, la cuido deseando que el polvo no la cubra demasiado pronto con una capa gris. Con los nuevos, poco a poco vamos definiendo dónde estarán, cuál será el tamaño de su casa, ubicación y color. Hay casas que yo mantengo limpias y listas porque sus inquilinos están/estarán por llegar. Me gusta recibir gente, permitirles un espacio, una casa. Me gusta repartir mi geografía interna, tener la casa llena, ver el poblado crecer, verlo mudar, ver que a veces está lleno y otras veces está por poblarse.

¿Y este verano, quién nos visitará?

6.16.2008

La felicidad


- Y si ya soy feliz y no me he dado cuenta?

Savater diría que el problema de la felicidad-infelicidad se presenta justo cuando aparece como idea, como derecho, como finalidad, como si no se tuviera. La felicidad como cualquier palabra carece de significado en sí mismo, es sólo una serie de letras, arbitrarias, que suenan y forman: f-e-l-i-c-i-d-a-d. A la felicidad se le se le atribuyen conceptos e ideas, se explota y se atascan en su interior juegos y trampas. Así que ser feliz va desde tomar agua pura viendo un paisaje natural, ser delgado y hacer yoga junto al instructor de la tele que se quita la playera, ponerte un desodorante y atraer la vista de los demás, vestirte a la moda, comparte un auto caro, ganar más, tener más… siempre más. También se enmarca la palabra en un cuadro monumental, a ver si la alcanzas, a ver si la conquistas, a ver si un día de estos ganas algo y te vas a festejar entre gritos, sonidos de claxon, borrachera y mariachi. El monumento a la felicidad será únicamente levantado en momentos cruciales, la felicidad no es fácilmente alcanzable, está lejos, en algún lugar, en algún proyecto, en algo lejos, lejos, en el futuro, en lo que se imagina que está por venir. Sin embargo, la felicidad estaría más en la conquista de cotidiano. Palparla en los objetos de diario, en la rutina, en la gente que ves, los retos del día, donde vives, lo que comes, sueñas, bebes, amas...

5.15.2008

Después de la muerte

No puedo abrazar en su totalidad el pesar de la pérdida física y definitiva de un ser amado, afortunadamente. Sólo he acompañado a otros en sus duelos. Cuando era niña, me hacía preguntas y temía a la muerte, entonces llegué a reflexionar que en la muerte hay lo mismo que hubo antes del nacimiento. Lo mismo que sentí antes de mi nacimiento, lo sentiré tras mi muerte. Esa idea calmaba mi idea del dolor, la conciencia y el pesar que pudiera tener quién muere. Sin embargo, no sirve a quienes quedan vivos. Los vivos desean algo más para quién muere, lo bendicen en su viaje, le desean buena suerte, un buen lugar para descansar. Al final, la muerte de un ser amado es un camino que deben transitar los vivos. Después de la muerte queda, viene y continúa la vida.

5.10.2008

Amanecer

La luz, escondida tras el telón de la oscuridad, espera la cuenta regresiva para hacer su aparición en la tercera llamada. Los gallos animan un concierto para recibir al día. Cierro los ojos, me siento en la selva. El calorcito matinal en la piel, un olor a dulce que viene de fuera, imagino el sabor a mango. El canto de los pájaros se oye en distintos puntos. Imagino que algunos polluelos tienen hambre, algunos lucen su canto grave, otros, como pájaros salvajes, en silencio, observan, preparan el ataque del día. Escucho que desde lejos viene una canción, es una casa que extendió la fiesta o que recién la comienza. El aire fresco trae olor a lluvia. El paisaje en calma. La naturaleza habla cuando los habitantes nos callamos.

La gata hoy no llora pidiéndome comida, sabe que me quedo y no saldré de prisa. Está aquí en mi regazo, jugando con los audífonos, me maúlla con voz de “aquí estoy bien”. Escuchamos las campanadas a lo lejos, los perros que ladran. La luz va pintando los cerros, el cielo, las casas, el pasto, los árboles. ¡Qué magnífico pincel!

La ciudad tiene su ritmo al despertar, sus personajes, sus sonidos, olores. Cuando viajo me encanta conocer la ciudad a sus primeras horas, cuando la gente abre paso al día, cuando aún somos vulnerables y aparece nuestra esencia.

4.29.2008

Los abandonos

Yo no sé por qué tendemos a pensar en polos opuestos, somos hijos de la herencia maldita de la dicotomía: alma-cuerpo, bien-mal, ying-yang, cielo-infierno, pobres-ricos, ganadores-perdedores, víctima-victimario, el que abandona-el abandonado o como diría una canción “el que se va y el que se queda”. Mi relato girará en torno a lo que se abandona, y pues claro, queda implícito, el sujeto que abandona. De juicios… espero no pasarme de la raya, ni parecer que me cargo a un lado de la balanza (ya ven que tendencia tan fuerte esta cosa de la dicotomía), y si me cargo demasiado, pues “ya la cargué” y ni modo.

Suelen tenerse en la lista aquellos abandonos vueltos favoritos; por ejemplo, abandonarse a la flojera, abandonar los deberes para retomarlos a última hora, tirarse a ver películas, a dormir. Abandonarse y hacer “nada”, mientras se mira el techo-la pared-al gato-un cuadro o lo que sea que esté frente a nosotros, simulamos ver, pero en realidad no estamos ahí, si acaso, estaremos abandonados a nuestros pensamientos, a viajes astrales-a sueños diurnos.

También tenemos los abandonos incontrolables. Abandonarse al placer, la gula de un taquito más, sólo una probadita, sólo un trago, sólo un beso, hasta quedar perdido dentro del deseo.

Abandonar un vicio, que en mi caso, vaya ud. a considerar la gravedad o no del asunto, pero de lo más fuerte que me metía, era coca, y ya la dejé. Sí desde hace más de un año consideré que los excesos de cafeína y azúcar de la coca-cola estaban ocasionando que abandonara el consumo de agua y resultaba bastante perjudicial a mi peso y mis riñones. Además, decidí abandonarla por razones ideológicas y políticas que por ahora no voy a comentar.

Existen además los abandonos necesarios para salvarte del abismo. Animarse a dejar aquella amistad que desde hace tiempo hace daño y negabas a aceptar. Por fin, ponerle termino a esa relación de pareja, lleva un número mayor de secuelas comparada con la película -taquillera, pero mala- “Pesadilla en la calle del infierno”.

¿Qué si me han abandonado? Sí, ya qué, no soy monedita de oro. Me abandonó el camión de la esquina, me abandona el hambre después de un buen taco, la mugre después del baño, la sed después de una cerveza helada, también me abandona lo que se me pudre en el estómago, la prudencia y la vergüenza y por consiguiente se abandona en mí la desfachatez.

Así que los abandonos no sólo son buenos, ni malos. La lista sigue su curso. Los abandonos imprevistos, los que te salvan, los disfrutables, los saludables, los necesarios, los obligados, los dolorosos, los divertidos, los pecaminosos, los interminables…

4.10.2008

Poema Ritual

Pies de pasado

Huellas de futuros

Zapatos asustados

Agujetas para amarrar ideas

Lengüetas mar en épocas veraniegas

Letras sembradas, bocas germinando

Danzas de aire sobre la miel sabor

Mareas de piel, tibio ojo que saborea

Gritos del eco escrito en la ropa tímida

Papel tapiz que se pega con el rocío de tu piel


free music



4.05.2008

Los regresos a la ciudad








Los primeros regresos fueron reencuentros. Volver a lo que recién dejaba. Estar de nuevo en los lugares que me gustaban de la ciudad. La avenida Vallarta que tantas veces caminé, el camellón de Chapultepec y La Paz testigo y cómplice de amoríos, la explanada de la Universidad que me acompañó a la espera de entrar al cine o de encontrarme con alguien, las escalinatas del Degollado y su cafecito, el pasaje de la calle Escorza donde alguna vez grabé un video-poema, la escuela de música que recién empezaba. Luego los cafés que habían sido testigos de las charlas. También los lugares ricos para comer: tacos de costilla, torta ahogada, el arroz frito, la comida en cajitas, las chantitas del mercado, fondue, quesadillas con pétalos de rosa…

Al estar de nuevo ahí, no me alcanzaba el tiempo para todo, ni para todos. Y al llegar aquí: cómo extraño la ciudad, ayyy cuándo regresaré, espero algún fin de semana, un puente, quiero regresar pronto, pronto.

Después los regresos fueron oportunidades. Traerme libros que había dejado, y ahora quería tenerlos de nuevo cerca de mí. Comprar cosas: juguetes para el consultorio, y es que en la calle de Juan Manuel hay bastantes y baratos; ropa térmica, porque acá hace mucho frío; un petate para la casa, en el mercado de San Juan de Dios hay bastantes. Aprovechar que viene la Feria Internacional del Libro y comprar libros que aquí no se consiguen, porque aquí hay pocas librerías. Volver a tramitar un certificado, ver lo del título de la maestría. Intentar citarme con gente que hace bastante no veía, intentar reunirme, reencontrarme.

Y al llegar aquí, no me alcanzó el tiempo para ver mis pendientes, el tiempo nunca es suficiente, y la añoranza de la gente que no se alcanzó a ver, y al final ¡qué güeva, ni descansé!

Ahora los regresos son… Ahora ya no son regresos, son descubrimientos. Cómo hay tráfico, pinche tráfico cómo ha aumentado, cómo ha crecido la ciudad, antes podía ver el cerro desde Av. Valdepeñas, pero ya tiene casas cubriéndolo por mitad, ya no está el café al que iba, esto se está poniendo muy fashion, la gente no se ve contenta, camina apresurada, está tensa. No coincido en tiempos, me cansa apresurar los encuentros, quedarme a medias. ¿A qué regreso? ¿qué hay de mí en esta enorme ciudad?

Y al llegar aquí: me he librado de la vecina gritona en casita Palma Sola, cómo pude sobrevivir al tráfico, la gente en la calle tiene malacara. ¡Qué cansado!, cada vez se hace más cansado. No voy de vacaciones, no soy un turista, no regreso a mi vida, sólo regreso a pedacitos.

Los regresos serán… No lo sé. Las vacaciones aquí las pasé. No intenté salir a ningún lugar. Me quedé a seguir conquistando este lugar, apropiándomelo. Haciéndome a la idea de que si salgo al centro o al super, probablemente me encontraré con una cara conocida, aquí no se vive el anonimato de la ciudad. Seguiré probando sus sabores para que me conquisten. Por lo pronto me encanta el jocoque de Santa Rosa, es el mejor; un arroz blanco con ensalada tampico y salsa con anguila muy, muy rico; los mariscos frente a la escuela normal, las gorditas de chicharrón, las carnitas del mercado, las guacamayas que tanto tardé en probar y… para mi sorpresa reabrió el Zilch, comida rica, tés, un buen lugar.

3.31.2008

La historia del Sr. DeseO. y la “Srita.” Prudencia

No hace mucho tiempo fueron presentados en las Oficinas del Ministerio Público a los interfectos: Sr. Blablabluh y Srita. Blablapuagg acusados de actos contra la moral y buenas costumbres, según los códigos 69069 en vigencia. El poli, alias el Kalimán, se los llevó en calidad de detenidos y es él quién nos narra detalladamente los hechos: Es que yo iba cruzando de la Basílica para allá donde está el de los churros, sí el que vende los de azúcar que están rebuenos, porque siempre -han de saber ustedes- cuando me toca rondín, pues me compro mi bolsita, ¿a poco no los ha comido?, que no, uuuuuy pues de lo que se pierde. Bueno no me voy a perder de lo que les voy a decir, entonces me compré mis churros, y ya iba para donde están los camiones, es que ya a esas horas hay que ver la clase de gente que anda persiguiendo a las chamacas que salen de la prepa nocturna, porque a mi hija un día le dieron su arrimón y se me puso bien achicopalada, antes de darle su pasteleada ya le andaban diciendo ¿a cuánto la tortilla?, ha de estar cara, porque la masa está rebuena. Y pues… Ahhh, ¿qué? sí, sí, ya voy, es que si no lo cuento todo pues como que se me olvida, y no querrá que se me olviden las cosas. No me presione. Entonces iba para los camiones con mis churros y a penas estaba en la primera mordida y pues que oigo un crujido, y dije, ahora sí, esta pinche amalgama ya se me jodió, y es que con lo del seguro popular luego te andan haciendo cada trabajito que… ¡ay! ¡ya sé, ya sé! pues entonces que no era la amalgama, ni el churro, era uno de los matorrales que están ahí en la Plaza de la Paz, sí una de esas ramas largas y verdes que parece que tienen un plumero blanco arriba, sí que les dicen cola de zorra, jejeje y pues ahí verá el detalle, porque no fue la única cola que se dobló esa noche. Y pues mi jefe, eso es todo. ¿No? Pues ¿cómo?, ¿decirle? ¡Noooooo! es que, pues me pongo "colorao" de contarlo, sí fisgón no soy, no yo no ví nada, no, nadita, nadita. Pero de que estoy seguro de que hubo algo, claro que sí, tengo buen oído. Sí, oído, buen oído, sí lo tengo. Y lo demás, pues yo ni se lo describo, pero de que están acusados, están acusados por andar haciendo su “primiti-too-ta” en plena plaza. Si quiere pruebas lo único que puedo entregarle es la trascripción de los ruiditos que esa noche escuché:



3.26.2008

Espacio de luz

Hay un espacio donde sí hay luz y los rayos cautelosos entran para no despertar a la sombra. La ventana en la pared es un escaparate hacia la calle de los que sí viven. De los que tienen trabajo, aunque reniegan de él; de los que caminan preguntándose por qué se enojó la novia, por qué subió la leche, por qué hace calor. Afuera están las calles ondulantes, los adoquines, las palomas, la lluvia y los edificios con balcones. Afuera la gente va al cine, al parque, al bar, al motel. Adentro, Cecilia dice que no hay nada. El gato tiene días que no maúlla, el departamento huele a la tierra que la humedad escarbó de los rincones. Los viajes quedaron afuera. Afuera los amigos y los novios. La familia murió en vida, no quisieron saber de ella. El gozo del trabajo como enfermera quedó en un café; el jefe la invitó y le dijo que las plazas se cerraban y se cubrirían por voluntarias del servicio social, pero que si ella accedía y se portaba amable, él haría un esfuerzo por ayudarla. Adentro están las telarañas y las sombras, un gato cazando moscas y un radio que llora como viuda ciega.

Cecilia mira tras la ventana buscando nuevos recuerdos que le digan cómo es ella, ya se cansó de saberse en la misma historia. La novia esperando en la iglesia, los invitados justificando hay mucho tráfico, seguro viene en camino. Las amigas, lo siento mucho. El papá encabronado si ya lo sabía, los doctores no son de fiar. Cecilia duda que tuvo un novio. A lo lejos están las frases me gusta tu cuerpo, nunca había conocido a alguien tan inteligente, eres graciosa, muy graciosa.

Tocan a la puerta. Cecilia piensa es para el vecino. Un puño acelerado toca, toca. Dejará que insistan. Un vendedor más, qué se vaya. El golpeteo continúa, un puño, dos puños, tímidos, entrecortados. Cecilia abre. Un señor, vestido de gabardina con maleta en mano, se apresura a entrar. El señor cierra la puerta, como quien quiere dejar tras de sí al pasado, arroja la maleta y se hinca, abrazando las piernas de Cecilia. Las manos reptan, la toman de la cintura. Ella quiere empujarlo, llamar a la policía, que se lo lleven al mundo de fuera. Los labios del hombre en las manos de Cecilia. Los labios en los brazos, el cuello, la boca. ¡Qué se vaya!, ¿qué hace aquí?. El hombre de fuera quiere meterse al cuerpo de Cecilia, lo abraza y se presiona a él como si recién resucitara a la vida, a la mujer. Los besos de labios fríos se mezclan con el alma de Cecilia. Un latido entibia el momento. No lo conozco, ¿quién es él? Las manos con dedos largos tocan inesperadamente su seno caído por el peso de la prudencia. ¿Quién es él? La lengua escurre por el cuello, el vientre. Cecilia grita. Grita de placer, su boca y su cuerpo descubren al hombre. Los cuerpos se retuercen en una cama seca que huele a viejo, a gato, a sal. Dos incógnitos acarician la soledad, se convencen de que no están solos. Los cuerpos entretejen una sábana contra el vacío. En el cuarto, el gato maúlla, la sombra se come la luz y los cuerpos se duermen.

Cecilia despierta cuando no hay vida ni fuera ni dentro.

El hombre llegó con todo y maleta. Cecilia la revisa. Camisas percudidas, pantalones grises y cafés, la foto arrugada de una mujer, una pistola. Toma el arma con las dos manos, ¿y si viene a matarme?, primero lo mato yo. Camina. El cuerpo del hombre duerme en la cama. Lo mira. Las manos soban la pistola, mira al hombre. Observa las paredes vacías, las telarañas, la soledad, entonces guarda la pistola en el buró y vuelve a la cama. En el techo, las cuarteaduras dibujan un cielo de nubes quebradizas y el alma de Cecilia se consuela con dormir entre ellas.

Un chisguete de luz entra por la ventana. Despierta el hombre, despierta Cecilia.

- Vine a quedarme para siempre- ella hubiera querido preguntarle ¿quién eres?. Decir, es que me confundes. Pero por ahora, estaba bien.

- Tengo hambre- dijo él. Dejaron la cama y prepararon el desayuno. Sus movimientos en la cocina parecían una danza cotidiana alacena-estufa-estufa-cristalero. Uno frente al otro, a los costados de la mesa, se miraban con la confianza y desconfianza que viene de afuera, que viene de adentro. Él sabía que llegaba a otra vida, y ella, que hacía tiempo que no recibía nada, se conformó con el hombre, un gato y un radio.