7.05.2008

Semilla en la nariz

Memo tomó a escondidas de su mamá una de las semillas de la mesa. En su mano, la semilla huérfana le decía que necesitaba humedad. La tomó con su pulgar e índice y ayudándose del reflejo del espejo pudo introducirla a su nariz. El calor había llegado y en lugar de 4 vasos de agua, ahora Memo necesitaba tomar 8. “Rinits” dijo el doctor- “su nariz está ligeramente inflamada y tomar mucho líquido es lo que necesita”. En la escuela, la maestra pensó “se está volviendo burro” cuando por primera vez salió por la oreja la punta verde de una hoja tímida y coqueta. Y Memo al despertar dijo “no recuerdo haber dormido sobre ninguna maceta” al ver las ramas y hojas que salían de las orejas y nariz. La familia quiso ocultarlo durante el primer mes y Memo iba a la escuela con una bolsa de papel sobre la cabeza, sus ojos se asomaban y veía que los niños se alejaban de él como si se escondiera un monstruo. Una mañana, durante la clase, las hojas y ramas se desesperaron de no sentir el sol, así que trozaron la bolsa y salieron desenrollándose hasta la ventana que da al patio. La maestra gritó, unos niños se asustaron y otros aprovecharon la oportunidad que le proporcionaron las ramas para colgar su suéter y sus loncheras.
Las ramas y hojas continuaron creciendo mucho más pronto que Memo, ya daban sombra y era una ventaja cuando debían jugar canicas en el terreno de Don José. De niño fue una gracia, pero ya en el sexto de primaria las niñas no se le acercaban ni le acariciaban las hojas como cuando era niño. En esta época sus brazos fueron endureciéndose y las uñas de sus dedos fueron cambiando por ramas.
Durante una noche, en que Memo se sentía solo, envío un mensaje por internet a asociaciones en pro de la infancia: “Ayuda, soy un niño-árbol mis amigos ya no me buscan.” Green Peace contestó: “Ofrecemos sueldo atractivo, viajes exóticos por el mundo, por favor llenar solicitud anexa a este mensaje”. Los padres de Memo leyeron las condiciones y el contrato, aceptaron que su hijo fuera el símbolo viviente de la asociación ecologista. El niño-árbol testimonio de la naturaleza vegetal y humana, un ser que hablara de ambas condiciones. Memo emprendió su gira mundial, preparaba discursos y entrevistas tanto en congresos como en manifestaciones. Los siguientes cinco años fueron llenos de trabajo, el follaje de Memo creció de tal manera que su parte humana era cada vez menos visible. En los hoteles no había espacio para él y era frecuente que tuviera que dormir en el jardín junto a los demás árboles. Green Peace tenía más fondos y menos tiempo para preocuparse por la condiciones de su símbolo viviente. Aquel domingo, recordara Memo, se encontraban marchando por una avenida en París, el calor insufrible, un maniático saliendo entre los espectadores con una antorcha y rociándole las hojas secas. Por la avenida, Memo corrió con sus ramas encendidas, la antorcha más grande del mundo buscando ser apagada. El río a unas cuadras, los bomberos tras el árbol, Memo tras el río. Después del accidente Green Peace no se interesaba por tener un símbolo lisiado y dio por terminado el contrato regresando a Memo a casa.
Los padres recibieron a Memo no de muy buena gana, le dieron alojo en el patio trasero. Memo es un árbol adulto, la ecología pasó de moda y se quedó abandonado rodeado por otros árboles a los que no entiende. Tiene sed de columpios para novios y de nidos de pájaros. La noche cae y Memo desconoce las intenciones de los árboles y de los humanos, ya no sabe de su naturaleza vegetal mucho menos de la humana.

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