Te instalaste. Sin gran alboroto llegaste discreta y casi de puntillas a plantar tu estancia. Decidida y jugando a las escondidas comenzaste a levantar el hogar que elegiste. A los pocos días tu semilla fue cambiando, creciendo y dando forma a tu ser, y simultáneamente transformando mi centro. No enviaste mensajes diciendo "He llegado" pero tú sabías de antemano que te daríamos la bienvenida. Fuiste discreta, pero no podías seguir pasando desapercibida y al paso del tiempo me comencé a preguntar si en mi centro acampaba o crecía una semilla.Hicimos las averiguaciones, en una primera prueba nos dijeron "Sí, un ser te habita" El resultado fue contundente en varias líneas de investigación, pero debíamos tener las pruebas. Decidimos ir con el especialista. No se si sabías a dónde te llevaríamos, y si deseabas que viéramos tu lugar de acampada, pero no hubo objeción ni timidez por tu parte. El especialista hizo uso de sus instrumentos, puso en mi centro un ojo ovalado que veía a través de mi cuerpo, y en blanco y negro, comenzamos a verte. Ahí estabas en tu saco de dormir, con las provisiones necesarias. Vimos cómo tu pecho brincaba, quizá al igual que el de nosostros por la emoción del encuentro. El especialista captó en sonido de tu corazón y nos lo dió a conocer: Bump-bump, bump-bump. Me reí de gusto, y parece que te emocionó porque te moviste y parecia que bailabas dando aviso: Sorpresa, aquí estoy!!!
Mes a mes seguimos tu proceso de acampada y hablamos contigo. Ya te quiere mucha gente al igual que nosotros. Te deseamos que sigas creciendo con "buen natural" sigas haciendo tu parte y a mitad de diciembre te recibiremos en los brazos.
Querida calabacita, te felicitamos por tu esfuerzo, tu trabajo, tu elección y disfrute en mi centro.
Te queremos y esperamos con amor.
P. y M.