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8.05.2014
Mi cuerpo que no/sí es mi cuerpo.
Mi cuerpo habita un nuevo cuerpo.
Un cuerpo se ha transformado.
No me arrepiento.
Sólo digo se ha transformado, y yo con él.
Me creía todopoderosa, mi cuerpo lo puede todo.
Dolor aceptar que no.
Quiero a mi cuerpo, le respeto, le admiro.
Creció una enorme panza y no dió complicaciones antes del nacimiento.
Todo vino después, por fortuna.
La baja de presión, las venas del útero grandes, la sangre.
Vinieron el suero, el miedo, la impotencia, yo debería estar muy bien.
Mis pies como elefante, mi herida, mi presión.
Mi Dr. no me dió de alta, mandó a un suplente. (Mala suerte y yo con miedo)
A los días unas gotas de sangre de mi herida, mi ombligo grande. ¿Todo será normal? Y yo haciéndome la valiente, que la bebé está bien.
Mi cuerpo fue acostumbrándose a su nuevo peso, tensión y procesos. Yo también con él.
¿Cuándo mi ombligo será como antes? No nunca. te salió una hernia. ¿Por qué se me sale una tripa acá en medio del abdomen? Ah! otra hernia. Si quieres te opero, aprovechamos para que no tengas más hijos, arreglamos tus dos hernias, y quedes planita planita. ¡¡¡Idiota!! Mi cuerpo es mi cuerpo. Aunque soy una masa de carne para los Dres. un objetivo, mercancía, nada más.
Soñaba a mi Dr. como pintor, sus cuadros parecían a los de Frida Khalo, Unos cuantos piquetitos. Esta historia con él, no tuvo un buen final.
Con nadie podía hablar. La bebé está bien.
Con el tiempo la hernia superior fue cerrando, ya no requiero operación. Empecé a hacer yoga. Pero mi cuerpo aún no tenía suficientes fuerzas. Me contagiaron en el trabajo, la varicela. Otra odisea, los Dres. no atinaban, algo viral, enfermedad ampollosa, varicela atópica. Los días pasaron. Sólo úntese aciclovir, sólo caladril, estos polvos, este jabón. No se acerque a la bebé, no le de pecho. La infectóloga me trató acertadamente, sí es varicela, antivirales, antibiótico, paracetamol, siga dando pecho. Tuve un cuadro tipo Edad Media, parecía zombie. Mi cuerpo. nuevamente mi cuerpo transfromado y dolido.
Mi cuerpo ya no es el mismo. Un herida de cesárea, bastantes más de la varicela, una hernia, la tripa.
No es el mismo, no me arrepiento.
Sólo me quejo, idiotas Dres.
Sólo descubrí el miedo, no soy invecible.
5.10.2013
Me extraño
| "La niña", hija del "Viruta". Abueleó en los colores a mi entrañable "Chomoma" |
Me extraño a mí misma venir por acá.
Extraño hablar de los viajes que he realizado, de los logros que he tenido a nivel personal y profesional. Extraño hablar de las sopresas que me da y dan la vida.
Extraño contar cosas de gatos.
Si hubiera tenido el tiempo les habría contado que me desmañano antes de las 6 para practicar yoga en mi casa, que para fluir me pongo a colorear mandalas, y a veces medito un poco. Si hubiera venido antes por acá, les habría contado que me tuve que despedir de mi casita Palma Sola en GDL y ya pasó a manos de su nueva dueña, y me hubiera puesto melancólica relatando historias de mi gata Chomoma y Clodomiro en esa casa. Si hubiera tenido la oportunidad les hubiera contado de mi determinación para dejar fuera de mi vida algunos malos vicios.
Ahora sólo queda el tiempo presente y la ilusión del provenir que ahora tiene cara de buenos amigos: me tiende una mano y me mira con una serena sonrisa.
3.25.2013
Querida P.
Señorita.
Creo que la conozco, he visto su rostro más de una vez frente al espejo. He visto sus expresiones y su cuerpo, he conocido su vida y me he metido desde su piel misma a probarla. En algún momento, me tomé el atrevido derecho de lanzar comentarios acerca de su vida, sus habilidades y sueños. Por alguna razón, parece que mi papel se asemejó a un crítico del arte seco y vacío. Y siempre me dirigí a ud. desde la frialdad, la exigencia y la pedantez. Ahora si me permite, dejaré de hablarle de ud., ya que aunque algunos digan que hablar de ud. implica respeto, a mi sólo me suena como un pretexto para poner distancia, así que espero entienda(s) que si comienzo a tutearte es únicamente con la intención de romper las barreras.
Creo que la conozco, he visto su rostro más de una vez frente al espejo. He visto sus expresiones y su cuerpo, he conocido su vida y me he metido desde su piel misma a probarla. En algún momento, me tomé el atrevido derecho de lanzar comentarios acerca de su vida, sus habilidades y sueños. Por alguna razón, parece que mi papel se asemejó a un crítico del arte seco y vacío. Y siempre me dirigí a ud. desde la frialdad, la exigencia y la pedantez. Ahora si me permite, dejaré de hablarle de ud., ya que aunque algunos digan que hablar de ud. implica respeto, a mi sólo me suena como un pretexto para poner distancia, así que espero entienda(s) que si comienzo a tutearte es únicamente con la intención de romper las barreras.
Estimada y querida P. te he tenido presente en mi mente y en mi corazón, y he llegado a conclusiones que difieren bastante de la manera como te había estado tratando. Te veo como una gran luchadora y defensora de quienes lo necesitan, en especial de las mujeres. Sé que el tema del género lo llevas a flor de piel, y tienes una habilidad importante para evitar que se pisoteen los derechos de las mujeres, inlcuídos los tuyos, sin embargo creo que yo fui bastante ágil e imperceptible en inmiscuirme en tu vida. P. lo siento, abusé de tu confianza y en los momentos de debilidad en lugar de abrazarte con cariño, me lancé fuertemente a atacarte creyendo que de esa manera te daría fuerzas para seguir. Ahora que he pensado en los derechos de las mujeres y en tí, pienso en aquellas verdades que ignoré. Lo siento, tú que te has pronunciado en contra de una vida sin violencia, no te merecías el daño. Acepto que he faltado a las convenciones de discriminación hacia las mujeres y también a aquellas que tienen que ver con la erradicación de la violencia, pero estoy dispuesta a enmendar el daño con mi aprecio, cariño y comprensión. He procurado en estos días hablarte con cariño y aprecio, y dar caricias a tu alma por lo que causé. Me repito y te repito: no te merecías que te tratara de la manera como lo hice, no era justo que te culpara ni te juzgara fuertemente. Me uno ahora a ti, para juntas cuidar y luchar por el derecho de las mujeres a una vida libre sin violencia. Ayudaré a que mi voz crítica y ruda te defienda en lugar de juzgarte. ¿Qué te parece? Ojala me aceptes en tu vida, y no me destierres, en verdad me volveré aliada para lograr tus causas.
Te dejo un fuerte y cálido abrazo.
No me arrepiento de nada
Gioconda Belli
No me arrepiento de nada
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.
2.19.2013
Buenas y malas historias
Soy experta en contar a los demás las buenas historias sobre mí misma, ya sea en historias sencillas o heróicas aparecen sentidos luminosos de mi camino. He convencido a los demás de mis buenas historias, y al convencerlos, no digo que he mentido, porque esas historias son verdad.
Yo quisiera arrullarme y convencerme de esas buenas historias, y no meterme a la cama con las historias de mis faltas y carencias. En mi familia no se acostumbraba a contar buenas historias, y cuando yo poseía Una Buena Historia me escondía, me avengonzaba, y cuando la mostraba era escuchada desde la envidia y venían los malos tratos. En esa casa, cuando comenzó a llenarse de tristezas y preocupaciones, era mal visto que cualquiera tuviera un sueño y fuera feliz. A mi papá le costó bastante defender su pasión por la fotografía, de hecho mi mamá dejó de compartir la recámara con él.
Ya me cansé de contarme a mi misma las malas historias, quiero creerme también Las Buenas Historias, tenerlas presentes y poseer su enseñanza. No sólo las malas historias dejan aprendizaje, también de las buenas. Esperemos vaya saliendo mi voz en las buenas historias sobre mi misma, y no llegar a casa para cobijarme en ellas. Quiero dormir arrullada con buenas historias, me he cansado del lobo feroz. Le diré a mi Físico antes dormir que me cuente Una Buena Historia para acallar fantasmas.
Yo quisiera arrullarme y convencerme de esas buenas historias, y no meterme a la cama con las historias de mis faltas y carencias. En mi familia no se acostumbraba a contar buenas historias, y cuando yo poseía Una Buena Historia me escondía, me avengonzaba, y cuando la mostraba era escuchada desde la envidia y venían los malos tratos. En esa casa, cuando comenzó a llenarse de tristezas y preocupaciones, era mal visto que cualquiera tuviera un sueño y fuera feliz. A mi papá le costó bastante defender su pasión por la fotografía, de hecho mi mamá dejó de compartir la recámara con él.
Ya me cansé de contarme a mi misma las malas historias, quiero creerme también Las Buenas Historias, tenerlas presentes y poseer su enseñanza. No sólo las malas historias dejan aprendizaje, también de las buenas. Esperemos vaya saliendo mi voz en las buenas historias sobre mi misma, y no llegar a casa para cobijarme en ellas. Quiero dormir arrullada con buenas historias, me he cansado del lobo feroz. Le diré a mi Físico antes dormir que me cuente Una Buena Historia para acallar fantasmas.
2.06.2013
Ojalá no se me olvide
He sido mala e injusta conmigo misma. No me gustaría mencionar los adjetivos que a veces cruzan por mi cabeza cuando apresuro conclusiones acerca de mi vida profesional. Es que a estas alturas, no soy jefa, ni gerente, y aunque tengo muchos años de preparación igual que un médico especialista, no cobro la consulta como ellos lo hacen, ni tampoco cobro como algunos colegas que tienen la misma formación que yo. De hecho me he capacitado con autores internacionales, tengo publicaciones y aún así, gano poco, no digo muy poco, pero sí por debajo de lo esperado, y cualquiera me nombraría con los adjetivos que a veces yo uso, o quizá con algunos más graves. El asunto es que hoy, después de mucho tiempo me he reconciliado conmigo, y creo que no en vano, he decidido ganar lo que gano, y de la manera como lo hago. Creo que habrá mejores adjetivos que describan mis prácticas profesionales y sus consecuentes remuneraciones económicas. Estudié en la universidad pública y siempre tuve en mi mente una alianza hacia la clase oprimida y trabajadora, por ello nunca he decidido cobrar tarifas altas en mis consultas, de hecho justo ahora tengo una paciente a la que no le cobro ni un peso y que atendía en la escuela pública donde trabajo; además siempre negocío el costo de la consulta. Ahora debería valorar mis decisiones laborales y profesionales, ya que mis acciones van en consonancia de mi deseo de ayudar y de hacer bien. Recientemente, mi sueldo ha bajado, porque decidí invertir más horas de trabajo en la escuela pública que en la privada, y aunque hubo momentos de susto y duda sobre lo que había hecho, hoy, justo hoy, no me arrepiento. Mi vida en el trabajo de la escuela pública me llena de satisfacción y siempre regreso contenta. Me siento mejor profesionista trabajando en la escuela pública, los alumnos reciben con más valor que entrego y yo así siento que hago un mundo mejor.
Creo que necesito poco económicamente, y más afectivamente, y mi pobre y humilde trabajo me da lo que necesito. Me he dado cuenta que a pesar de tener más trabajo estoy más alegre, menos cansada y más fuerte. Gano menos, pero seguramente ganaré más salud, me ahorraré la terapia y haré más felices a los de mi alrededor. No gano mucho dinero, no me arrepiento, y ello me define de formas que van acorde con quién deseo ser. Ojalá no se me olvide.
Creo que necesito poco económicamente, y más afectivamente, y mi pobre y humilde trabajo me da lo que necesito. Me he dado cuenta que a pesar de tener más trabajo estoy más alegre, menos cansada y más fuerte. Gano menos, pero seguramente ganaré más salud, me ahorraré la terapia y haré más felices a los de mi alrededor. No gano mucho dinero, no me arrepiento, y ello me define de formas que van acorde con quién deseo ser. Ojalá no se me olvide.
12.27.2012
Pensar con el corazón y sentir con el cerebro
Mi corazón no ha tenido suficiente entrenamiento (o libertad consciente) para que use sus neuronas adecuadamente, será que nunca lo había concebido necesario en el pensar, en el pasado aprendí que debía domarse, y guardarse en la toma de decisiones. A mí enseñaron que el corazón le estorba al sano pensamiento y que uno debe dirigirse por el sano juicio, que estamos divididos en cuerpo y alma, en razón y emoción. Muchas veces mi intución, el pensar de mi corazón, me ha orientado a otros caminos, y erróneamente he creído que algunos de mis pensamientos, decisiones o creaciones, han venido sólo desde el corazón o desde el cerebro, pero pocas veces juntos. Ahora me doy cuenta lo importante que resulta la emoción para pensar, y como éstos van juntos en el actuar, en el vivir y en el emocionar.
Mi corazón, pensándome; mi cerebro, sintiéndome, ambos me van dando las señales adecuadas que en el pasado interpreté como erróneas, pero ahora mis códigos de entendimiento me hacen confiar en el pensar de mi corazón y el sentir de mi cerebro.
__________________________________________________
Algunas de mis referencias:
Lo que se siente pensar, Pablo Fernández Christlieb, http://www.prisaediciones.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/201106/primeras-paginas-se-siente-pensar.pdf
El encuentro entre los afectos y el pensamiento, Denise Najmanovich http://youtu.be/vSBROB5eXiU
El corazón tiene cerebro, Annie Marquier http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120314/54267641495/annie-marquier-corazon-cerebro.html
Mi corazón, pensándome; mi cerebro, sintiéndome, ambos me van dando las señales adecuadas que en el pasado interpreté como erróneas, pero ahora mis códigos de entendimiento me hacen confiar en el pensar de mi corazón y el sentir de mi cerebro.
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Algunas de mis referencias:
Lo que se siente pensar, Pablo Fernández Christlieb, http://www.prisaediciones.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/201106/primeras-paginas-se-siente-pensar.pdf
El encuentro entre los afectos y el pensamiento, Denise Najmanovich http://youtu.be/vSBROB5eXiU
El corazón tiene cerebro, Annie Marquier http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120314/54267641495/annie-marquier-corazon-cerebro.html
12.23.2012
Ellos fueron cursis
Deben pasar muchos años, como hermana menor, para darte cuenta de las cursilerías que hacían tus hermanos mayores, y en consecuencia se vuelve demasiado tarde para burlarte de ellos.
Mi hermana por ejemplo, ponía en las noches canciones melosas como "You make me fell brand new" o la peor cursi de todas "Loving you" con Minni Riperton. Si hoy volviera a tener los 6 años que entonces tenía mientras recibía esa tortura cursi en mis oídos, le haría a mi hermana bromas sobre su novio, sus campamentos con "amigos" a Tapalpa y la sonrojaría un poco.Mi hermano mayor fue menos cursi, será por aquellas cosas del género, o porque era más exigente con sus gustos musicales, pero a él únicamente lo recuerdo cantando con ahínco "Woman" de John Lennon.
Mis hermanos siempre me trataron con un ojo crítico, y los admiré, casi a perpetuidad, casi. La ventaja de los más de 15 años que me llevaban me costó para ponerme en igualdad con ellos, pero como todo poderoso, ellos son lo que se resisten a la igualdad.
Con mi hermano mayor-mayor tengo una relación más extraña, él se fue de la casa cuando yo estaba en segundo de primaria, creo, quizá antes. Así que son pocos los recuerdos con él en mi infancia; después regresó cuando yo estaba en la preparatoria, y se instaló en casa, en mi cuarto, con su esposa y dos hijos. A mi hermano mayor, lo quiero, lo admiro, y también no lo entiendo mucho.
En fin, la música siempre me hace decir cosas que no estaban en mis intenciones.
Mis hermanos siempre me trataron con un ojo crítico, y los admiré, casi a perpetuidad, casi. La ventaja de los más de 15 años que me llevaban me costó para ponerme en igualdad con ellos, pero como todo poderoso, ellos son lo que se resisten a la igualdad.
Con mi hermano mayor-mayor tengo una relación más extraña, él se fue de la casa cuando yo estaba en segundo de primaria, creo, quizá antes. Así que son pocos los recuerdos con él en mi infancia; después regresó cuando yo estaba en la preparatoria, y se instaló en casa, en mi cuarto, con su esposa y dos hijos. A mi hermano mayor, lo quiero, lo admiro, y también no lo entiendo mucho.
En fin, la música siempre me hace decir cosas que no estaban en mis intenciones.
9.14.2012
Oir, ver... percepciones inusuales
No soporto que los psicólogos y psiquiatras se llenen de morbo cuando se encuentran con un ser humano que tiene percepciones inusuales. No puedo tolerar que mencionen "va al psiquiátrico" "hay que medicarlo" "no puede estar aquí". En otras épocas, el ver, oir o tener otras percepciones inusuales eráa sinónimo de "divinidad" y "sabiduría", tenían un lugar especial por sus percepciones, sin embargo ahora se vuelven la escoria, lo raro, lo que se debe quitar, elimininar, separar... No lo tolero. Me duele. Tengo bastantes motivos para hablar de ello, pero no puedo por ética. Pero quiero dejar asentado que no estoy de acuerdo en la separación inhumana. Hace poco murió Thomas Szasz, pionero de la anti-psiquiatría, de donde surgieron ideas para cerrar los psiquiátricos y/o formar otras comunidades de atención. Pero no ha sido un boom mercadológico como las pastillas, por eso no se ha logrado mucho. Ahora conozco dos proyectos interesantes que humanizan y valoran el oir, ver... y otras percepciones inusuales.
Está http://www.hearing-voices.org/, una comunidad de apoyo, historias de familias, personas... experiencias exptraordinarias con otras percepciones inusuales.
También está Radio Colifata, que ha dado voz a los internos de un psiquiátrico.
Yo sólo puedo decir, no estoy de acuerdo con llamar a estas percepciones como locura, no estoy de acuerdo en llamarlos enfermos, no me asustan estos temas, ni babeo de emoción si me encuentro con uno porque eso significa un caso extraños y magnífico en mi haber. Yo únicamente me acerco a historias, a personas valiosas hermosas e importantes.
Está http://www.hearing-voices.org/, una comunidad de apoyo, historias de familias, personas... experiencias exptraordinarias con otras percepciones inusuales.
También está Radio Colifata, que ha dado voz a los internos de un psiquiátrico.
Yo sólo puedo decir, no estoy de acuerdo con llamar a estas percepciones como locura, no estoy de acuerdo en llamarlos enfermos, no me asustan estos temas, ni babeo de emoción si me encuentro con uno porque eso significa un caso extraños y magnífico en mi haber. Yo únicamente me acerco a historias, a personas valiosas hermosas e importantes.
8.12.2012
Lecciones elementales
Regresé a mis leciones elementales de física para preguntarme asuntos básicos sobre el tiempo.
Un maestro, en mis años mozos de adolescente, me enseñó un triángulo para poder hablar del tema y de una vez a aprender a despejar la fórmula.
Lo que no me enseñó fue a despejarme mis dudas. ¿Si alguien no tiene tiempo es porque la velocidad que le imprime a la distancia en los sucesos de su vida oprime considerablemente al tiempo? ¿Y si alguien dice que no tiene tiempo, es proque se encuentra a una "distancia enorme", y aunque quisiera apretarle a la velocidad, no le alcanza?
Esta fórmula es una trampa, ya escucho algunos pretextos para cancelar compromisos y evadir responsabilidades.Uno se inventa sus propias distancias y pone sus propios ritmos de velocidad para manipular el tiempo. Decimos que no está en nuestro control, pero la verdad es que el manejo de ello sólo depende de nuestra disposición emocional.
Por eso:
- Aunque debo leer un artículo de Nietzsche, digo que no tengo tiempo, me encuentro a una distancia años luz para querer hacerlo
- No hago los pendientes de trámites, que por engorrosos no me gustan
- Evado hacer llamadas a ciertas personas, no me encuentro de humor para arreglar asuntos pendientes, o para escuchar quejas o tristezas de disco rayado
- La velocidad de mis actos me entretiene en otros asuntos menos importantes, más interesantes
- Porque ya conozco la trampa, me pongo triste si alguien me dice como pretexto "no tengo tiempo"
También habrá que aprender a sacarle ventajas a esta fórmulas.
Por ello:
- En el placer del cuerpo, lo mejor es recorrer la distancia de la piel a paso lento
- Para relajarse lo mejor es bajar la velocidad y quedarse quieto
- He aprendido que es la distancia emocional, no el tiempo el que lo cura todo
Entre estas divagaciones, esperaba sentirme más apta para el manejo de mi tiempo, y sentirme aligerada de la carga que tengo de pendientes, sin embargo sólo vine a refugiarme, a "perder el tiempo". Lástima, las cosas no se hacen por si mismas. Aún me siento sin ganas de leer a Nietzsche y con mi dolorcito de que mi amiga no me llame (desde hace meses) porque tiene mucho trabajo y no tiene tiempo.
Vaya usted a saber cómo se sobrepone uno a ciertas cosillas.
Vaya usted a saber cómo se sobrepone uno a ciertas cosillas.
4.06.2012
Estimado y querido doctor:
No sabría con exactitud qué tipo de carta estoy escribiendo, porque es la primera vez que me surge el impulso de escribirle a algún doctor que me haya atendido.
En primer lugar le comparto que le nombro estimado y querido, ya que creo que durante el tiempo de convivencia y atención es imposible no sentir afecto, sin embargo ello no obstruye ni elimina mi impulso original de escribirle.
Creo que nuestra última cita estuvo cargada de palabras que desde mi postura no debieron ser dichas. Supongo que coincide conmigo que el efecto placebo tanto positivo como negativo impacta en un tratamiento, y las palabras también son un placebo importante. Me parece que fue claro en su postura de no saber qué sucedía ya que era la segunda vez que tenía problemas con la implantación. Para ud. queda claro por qué no se sabe, pero para mi no queda claro, creo que me faltaron las hipótesis que ud. en su mente descartó como explicaciones. El asunto es que no quedamos hasta ahí con la situación, me parece que yo y mi marido aún estábamos asombrados, pero con fe y ánimo, pensando que esas cosas pasan, sin embargo poco a poco sus palabras y postura fueron acabando con la inocencia de no saber y además terminó por romper lo que nos quedaba de esperanza y fe. Mencionó que un siguiente intento no lo recomendaba “porque estaba destinado al fracaso” y que además no lo haría “por ética”. Aunque en estos momentos me parece más delicado el uso que se dieron de la palabras. No dudo que ud. se haya desconcertado, mucho más que nosotros, su empatía y preocupación lo llevaron a que sus ojos se rasaran, sin embargo a mí sólo me llevó a dejar de pensar en mi situación y a preocuparme empáticamente por lo que ud. sentía. No entiendo qué le sucedió ni porque nos dijo “que lo dejáramos descansar”. Debo confesar que ese momento no fue doloroso para nosotros. Lo doloroso vino después cuando se repetían en mi cabeza las ideas que se generaron tras sus palabras: ya no tiene caso cualquier intento porque está destinado al fracaso, mi caso es imposible porque ni siquiera el Dr. sabe qué está sucediendo, en mi cuerpo debe haber algo malo terriblemente malo.
Y bueno, la navidad la pasamos preguntándonos qué hacer, a quién hacerle caso, para qué seguir con doctores, y si regresamos con ud.
Ahora, afortunadamente las cosas parecen distinto, una Dra. nos atendió y no fue ni dramática ni exageradamente positiva, fue clara, directa y honesta, y me hizo sentir una mujer más con un problema que sucede y no un bicho raro y extraño. Ahora de nuevo tenemos fe y esperanza, nos gusta tenerlas de nuestro lado, no sabemos a dónde nos llevará, pero al menos vuelve la tranquilidad y la noción de que la naturaleza es Sabia.
Por ahora esta carta no se la enviaré, no sé si por el respeto y afecto que aún le guardo y porque me preocupo por ud. pero también porque uno piensa que esto no tiene sentido, sin embargo soy partidaria de que las cosas deben decirse, así que no dudo que iré encontrando el momento y la manera de trasmitirle mis ideas y mi sentir.
Agradezco las atenciones y tratos gratos acontecidos en su momento. Jamás olvidaré la escena en que bailó y agitó sus manos levantándose la bata blanca para explicarnos el movimiento de las trompas de Falopio.
3.05.2012
Cuando la pistola te apunta, recuerdas que estás vivo
La guerra despierta del letargo a Teresa, en La insoportable levedad del ser.
La revive la amenaza de muerte. Cuando la pistola te apunta, recuerdas que estás vivo.
Teresa resurge en su oficio como fotógrafa.
Quise ir a Praga. Desde niña quería ir a un país comunista, quería sentir el gris de la gente para sentirme viva. Años después, caminé por el puente de Carlos, por la catedral, y las calles laberínticas. Praga estaba viva, despierta. No había casi rastros del comunismo ni de su opacidad. Al contrario, comí hamburguesa, comida mexicana en el Pancho Villa, buffete Chino y tomé cerveza alemana. La tristeza nostálgica de la ciudad no era la misma de antes, por más que me esforcé en buscarla.
Voy saliendo del encierro.
Mas viva, más viva.
Voy saliendo del letargo.
La revive la amenaza de muerte. Cuando la pistola te apunta, recuerdas que estás vivo.
Teresa resurge en su oficio como fotógrafa.
Quise ir a Praga. Desde niña quería ir a un país comunista, quería sentir el gris de la gente para sentirme viva. Años después, caminé por el puente de Carlos, por la catedral, y las calles laberínticas. Praga estaba viva, despierta. No había casi rastros del comunismo ni de su opacidad. Al contrario, comí hamburguesa, comida mexicana en el Pancho Villa, buffete Chino y tomé cerveza alemana. La tristeza nostálgica de la ciudad no era la misma de antes, por más que me esforcé en buscarla.
Voy saliendo del encierro.
Mas viva, más viva.
Voy saliendo del letargo.
1.25.2012
Rebeldías (in)sumisas (la furia y la tristeza)
Mi papel incial en la vida fue gritar y decir verdades.
En el kinder una maestra me castigó después de que le grité –no sé que cosas- a un compañerito por haberme insultado, aunque no entiendo bien, pero me hizo sentir muy mal que me dijera “mula de 4, ya ni de 5” sé que se refería al dominó, y con sus palabras me sentí menospreciada, así que en mi defensa grité, la maestra me descubrío y castigó que me hubiera defendido, me puso hincada bajo sus piernas mientras ella leía un cuento al grupo.
Mis padres me han dicho que en esa época mi frase favorita era “Es mi vida, yo sabré” y que con mi par de pulmones tamaño mini, gritaba con una fuerza que producía un grito mega. Entonces les parecía una gracia y seguramente lo celebraban. De hecho ya adulta, mi padre dijo que admiraba mi valor y recordaba esta potencia pulmonar con la que salía a mi defensa.
Sin embargo, después me hicieron callar. Muchas veces grité y hablé las injusticias en la familia y me hicieron creer que no tenía sentido mencionar lo que me molestaba, y entonces soltaba el llanto ante la negación de mis palabras y repetía una escena en la que lloraba y con mis manos juntas bajo mi boca, decía “entonces me voy a tragar mis palabras” y hacía un ademán como si estuvieran las palabras depositadas en mis manos y las llevaba a mi boca, gesticulando que masticaba algo, la imagen que se me viene es que parecía como un hombre de las cavernas mascando un bocado con gran desesperación.
Aprendí a callar las palabras dichas al aire. Entonces mi actos hablaron por mí, pero siempre con temor de ser descubierta. Ahora no recuerdo las plabras que tuvieron que permanecer en silencio para poder salir en actos, pero de seguro los sentimientos que los motivaron fueron los mismos: el enojo y la frustración. Me dediqué a escondidas a romper/cortar objetos, ya que al silencio no podía hacerle lo mismo. Rompí floreros, esferas navideñas, prendas de vestir. Fui muy hábil en romper los objetos y que nadie se percatara de mi autoría, también muy hábil en esconder los trozos rotos, por lo que semanas después mi mamá o papá preguntaban ¿quién rompió esto? Lo curioso es que su pregunta nunca estaba marcada por el regaño ni la acusación, sino más bien por el temor de que quizá una extraña fuerza o espíritu lo haya realizado ¿quién habrá sido? La pregunta contenía una sensación de miedo incierto ante aquel acto simbólico ritual ejecutado por un ente misterioso.
Mis palabras dolidas y calladas dejaron de ser actos. Busqué otras formas para expresarlas en textos, gestos, sensaciones, miradas, colores.
Dejé de gritar, aunque a veces me dan tantas ganas. Podría decir que mi voz ha triunfado y que mi voz sale a la perfección, pero no siempre es así. Mucho menos puedo decir esto ahora que sigo con esta tos y mis pulmones guardan algo más que aire. ¿Será que al igual que cuando era niña, están el enojo y la frustación? No lo que querido admitir, porque no quiero ser grosera, no quiero gritarle a nadie mi sentir, porque de niña me sentá castigada y culpable por hacerlo. No quiero gritarle a nadie. No. Ni siquiera quiero preguntarle con gritos a la vida porqué me pone a prueba, a caso no soy suficiente, acaso no merezco, acaso mis imperfecciones son tan terribles. Claro que no voy a gritarle esto ni cosas parecidas porque entonces ella me diría “ya ves, por eso hago lo que hago, no ves lo que estás haciendo, voy a vengarme por tu rebeldía” Por favor no le digan a la vida que vine a quejarme de ella, la verdad es que la quiero de mi lado.
Hay una escena de la película “La vida secreta de las palabras” que me gusta. La chica tiene miedo de mostrar su tristeza porque puede ser capaz de inundar la felicidad del otro al que ama y en consecuencias ahuyentarlo. Así me siento ahora, con temor de que los inunde a ustedes y los ahuyente. Es una pena, hoy no tengo buenas palabras, ni recuerdos maravillosos, ni plantas ni cielos para compartir. Ahora está mi voz de tristeza callada, de frustración. Lo siento.
Un amigo me dijo que nunca debería sentir vergüenza por lo que siento, pero hoy es un poco así.
Por ahora se que estos recortes de mi propia historia justifican la idea de aprendí a callar, sentirme culpable por defender lo mío, y a sentir pena cuando me siento triste y esconderme para que nadie se percate de ello. Este será un pasaje que soporte estas ideas que ahora me rodean, y lo hago ya que quiero tener presente que debo seguirme dando voz, que mis palabras deben seguir su curso y no atorarse en mi garganta.
12.11.2011
Carta abierta a la Srita Culpa
Usted viene a mí y me dice que puedo ser La Responsable. Cree que tiene bases que me acusan por acciones pasadas y presentes. Sus palabras me hacen llorar -si no se ha dado cuenta-, me afligen y acongojan.
Srita. Culpa yo no soy como el niño del colegio que quiere saberse culpable para tener el control. No en verdad. Yo no quiero La Responsabilidad, de hecho no quiero el control ni quiero tener nada con ver con el asunto.
Mire Ud. tan dadivosa que se ofrece y reparte a cualquiera, pero a mí no.
No venga a seducirme con sus argumentos, casi caigo y compro en oferta -pero a costo futuro muy caro- algunos de ellos. No gracias, no he solictado sus servicios Srita.
Ud. no es de mis preferencias, así que la convido de manera amable vaya a rodear otra esquina que, en la de mi vida,
yo no le doy cabida.
Atentamente:
Yomisma
Srita. Culpa yo no soy como el niño del colegio que quiere saberse culpable para tener el control. No en verdad. Yo no quiero La Responsabilidad, de hecho no quiero el control ni quiero tener nada con ver con el asunto.
Mire Ud. tan dadivosa que se ofrece y reparte a cualquiera, pero a mí no.
No venga a seducirme con sus argumentos, casi caigo y compro en oferta -pero a costo futuro muy caro- algunos de ellos. No gracias, no he solictado sus servicios Srita.
Ud. no es de mis preferencias, así que la convido de manera amable vaya a rodear otra esquina que, en la de mi vida,
yo no le doy cabida.
Atentamente:
Yomisma
12.01.2011
Despistada
El semestre está por terminar. Por primera vez estudié un diplomado, bastante obligada y no fue nada bonito. Ando despistada con varios post en la cabeza, pero nada no exprimo el tiempo como quiero, a veces cansancio, sueño.
Espero pronto, ponerme al día con ustedes y conmigo.
Espero pronto, ponerme al día con ustedes y conmigo.
11.04.2011
¡Ay qué bonito!
Mi amiga L. me enseñó la frase "¡Ay qué bonito, que bonito!" en tono de burla y queja de quienes andan aquí en la ciudad a paso lento admirando el paisaje.
¡Ay qué bonito!
Los turistas se detienen intempestivamente ante un balcón. ¡Ay qué bonito!
En medio de los que habitamos y corremos a una cita de trabajo, se traviesa un gringo: Oh, so beautiful!
Los atropellos a nuestros pasos acontecen por un ¡Ay qué bonito!.
Los autos de los turistas van a vuelta de rueda; quieren ver los túneles, la luz, los balcones, la naturaleza terca que crece entre las piedras y las construcciones.
¡Ay qué bonito!
Y los que vamos detrás ¡Ay qué bonito, que no llegaré a tiempo!
Y si estoy en la ventana de un café debiendo una taza tranquila y escondida de la falta de anonimato en esta ciudad, no falta un turista que me vea desde fuera. ¡Ay qué bonito! y entonces me tome una foto.
¡Ay qué bonito!
Yo no soy parte del pasaje, no me gusta lo bonito.
Es más yo no soy linda ni bonita. Soy mala y gruñis.
Hoy nada de ¡Ay qué bonito!.
¡Ay qué bonito!
Los turistas se detienen intempestivamente ante un balcón. ¡Ay qué bonito!
En medio de los que habitamos y corremos a una cita de trabajo, se traviesa un gringo: Oh, so beautiful!
Los atropellos a nuestros pasos acontecen por un ¡Ay qué bonito!.
Los autos de los turistas van a vuelta de rueda; quieren ver los túneles, la luz, los balcones, la naturaleza terca que crece entre las piedras y las construcciones.
¡Ay qué bonito!
Y los que vamos detrás ¡Ay qué bonito, que no llegaré a tiempo!
Y si estoy en la ventana de un café debiendo una taza tranquila y escondida de la falta de anonimato en esta ciudad, no falta un turista que me vea desde fuera. ¡Ay qué bonito! y entonces me tome una foto.
¡Ay qué bonito!
Yo no soy parte del pasaje, no me gusta lo bonito.
Es más yo no soy linda ni bonita. Soy mala y gruñis.
Hoy nada de ¡Ay qué bonito!.
10.19.2011
En contra del Pato Donald
- Deberías aceptar que eres como el Pato Donald en el episodio en que una nube gris lo persigue inevitablemente.
Un psicoanalista estúpido me dijo lo anterior cuando yo buscaba ayuda y consuelo, pero lo que provocó en mi fue una reacción de náusea por varios días y dolor intenso. Claro que me resistí ante tal designio, y jamás volví a confiar en los psicoanalistas.
Ahora creo que sí soy una nubecilla a la que a veces ataca el mal clima, pero aún en medio de los relámpagos y aunque a veces mi nube llore, me resisto a definirme como gris.
10.14.2011
Drama épico ético
Es la historia heróica de una psicóloga que señala los abusos e injurias que su némesis practica en nombre de "la buena intención". En esta serie ud. podrá develar junto con la protagonista, las seducciones ocultas de una psicóloga que con falta de ética coloca piedras al trabajo construido por la psicóloga a cargo. Este melodrama se esperaba fuera solamente un programa piloto, pero se ha instalado como un hit en el teleauditorio y ha llenado el morbo de quienes se preguntan si la psicología es una buena profesión. Algunos de ustedes terminarán de odiar la psicología y otros de uds. abogarán porque triunfe el buen ejercicio de la profesión.
No se pierda la transmisión en vivo en horario matutino en la página: www.nomejodaseltrabajo.psico.org o en su defecto puede verificar la retransmisión onírica de 3 a 4 de la mañana en la página www.quierovolveratrabajarenpaz.psico.org
No se pierda la transmisión en vivo en horario matutino en la página: www.nomejodaseltrabajo.psico.org o en su defecto puede verificar la retransmisión onírica de 3 a 4 de la mañana en la página www.quierovolveratrabajarenpaz.psico.org
9.10.2011
¿Quién era yo?
¿Quién era Yo en ese entonces? quién era, con mis botitas cómodas para todos lados y , con mi overall de mezclilla, mis blusas de manta, quién era yo, pintada con labial naranja, quién era cuando caminaba y caminaba por la ciudad, cuando me sentía dueña del mundo y dos o tres veces por semana iba a refugiarme en un cine, cuando todo lo quería leer y saber y tenía la falsa esperanza de atrapar todo conocimiento,cuando hablaba sólo de cosas profundas y me aulcinaba llena de Saber, y quería vivir como pobre y me inventaba mil historias para sufrir porque así alcanzaría la gloria, quién, cuando me disfrazaba de ligereza y por dentro me inundaba el mar.
¿Quién era Ella? La veo y me enternece, tan pequeña, y creyéndose adulta, con su corte de cabello como honguito, arriésgando y entregando el corazón a lo bruto, creyendo que las personas son buenas per se, apostando por causas perdidas, defendiendo lo indefendible, pelenado con maestros y compañeros, aferrándose a dos o tres falsas verdades, ¿quién era?, era dulce y tiernamente una ilusa, creía que sabía, creía que creia en lo mejor.
Cómo juzgué duro a la que era Yo entonces. Creo que si Ella me viera ahora me propinaría dos que tres verdades, pero uno no debe reclamarse las limitaciones ya lo entendí, aunque Ella diría que no es justo y le toca su turno, pero ahora Yo aprendí que no siempre la vida es justa y uno no debe cansarse de esperar justicia, uno debe vivir lo mejor que puede y nada más, rodearse de buenas costumbres y buenas personas y minúsculamente hacer el bien, y nada más.
¿Quién era Ella? La veo y me enternece, tan pequeña, y creyéndose adulta, con su corte de cabello como honguito, arriésgando y entregando el corazón a lo bruto, creyendo que las personas son buenas per se, apostando por causas perdidas, defendiendo lo indefendible, pelenado con maestros y compañeros, aferrándose a dos o tres falsas verdades, ¿quién era?, era dulce y tiernamente una ilusa, creía que sabía, creía que creia en lo mejor.
Cómo juzgué duro a la que era Yo entonces. Creo que si Ella me viera ahora me propinaría dos que tres verdades, pero uno no debe reclamarse las limitaciones ya lo entendí, aunque Ella diría que no es justo y le toca su turno, pero ahora Yo aprendí que no siempre la vida es justa y uno no debe cansarse de esperar justicia, uno debe vivir lo mejor que puede y nada más, rodearse de buenas costumbres y buenas personas y minúsculamente hacer el bien, y nada más.
7.26.2011
Santa Ana
Mis tías abuelas le rezaron con fervor, para que mi mamá fuera rescatada del lecho de muerte. Una pulmonía le robó el aliento a mi mamá bebé. Mi tía Teresita se encomendó a Santa Ana. "Si la traes a la vida le cambiamos el nombre". La bebita, tendida en una mesa rodeada de flores y velas, movió su dedo meñique. Mi tía abuela dijo "Está viva". Llamaron a un médico, le pusieron un espejito debajo de su nariz, y levemente se empañó. "Está viva". Desde entonces cada 26 de julio mi madre celebra su nacimiento.
6.25.2011
Sueño. madre y piernas
Sueño.
Me veía viajando de pie dentro de un trolebús; de esos pocos que quedan en la ciudad de Gdl, de esos que son como autobuses dobles que usan energía eléctrica y llevan tirantes hacia arriba. Viajaba de pie. Estaba tomada del tuvo horizontal superior, me sostenía al igual que la hilera de mujeres que estaban a mi izquierda. En el borde del tubo veía un borde metálico, y se me ocurrió ponerle una hoja y, con un lápiz, rayar encima del metal, como hacía de niña sobre una moneda para calcar el águila del escudo nacional. Mientras rayaba con el lápiz, iban apareciendo unos zapatos y después una largas y contorneadas piernas, después un talle fino, delgado. La silueta descubierta era mi mamá. Su figura de joven apareció. Después encontré otros bordes y aparecieron más dibujos de mi mamá cuando era joven. En cada uno de ellos aparecía mostrando sus piernas, desde los tobillos hasta los muslos. Ella sonreía.
Despierta.
Recuerdo, en algunas fotografías, a mi madre en traje de baño. Sus piernas morenas, brillaban bronceadas, eran torneadas y con líneas finas de músculos discretos. Ella siempre tuvo hermosas piernas. Incluso ahora en su vejez no le han enflacado y su chamorro aún es pronunciado. Mi papá adulaba las piernas de mi madre. Esas piernas que le sirvieron para correr y escapar de los jalones de trenza que le daba su hermano, las mismas que la pusieron en la selección de basquetbol de su escuela, las mismas para subir al cerro de la Bufa en Zacatecas, las mismas para correr y tomar el autobús para fugarse con mi papá. Mi madre bailó como pirinola, y hubiera querido dedicarse a ser rumbera. Mi mamá hasta antes de enero caminaba calles y calles par ir al mercado y visitar a cada uno de los marchantes.
La doctora ha dicho que necesita unos injertos en sus rodillas antes de quedar en silla de ruedas. La doctora ha dicho que mi madre debe pensar a que le tiene menos miedo, si a la operación o la silla de ruedas. Pero creo que mi madre piensa en otras cosas, al igual que sus hijos, pensamos en su vida, en su libertad, en las gracias y alegrías que le han dado sus piernas, y en que queremos que esté feliz y bien.
Me veía viajando de pie dentro de un trolebús; de esos pocos que quedan en la ciudad de Gdl, de esos que son como autobuses dobles que usan energía eléctrica y llevan tirantes hacia arriba. Viajaba de pie. Estaba tomada del tuvo horizontal superior, me sostenía al igual que la hilera de mujeres que estaban a mi izquierda. En el borde del tubo veía un borde metálico, y se me ocurrió ponerle una hoja y, con un lápiz, rayar encima del metal, como hacía de niña sobre una moneda para calcar el águila del escudo nacional. Mientras rayaba con el lápiz, iban apareciendo unos zapatos y después una largas y contorneadas piernas, después un talle fino, delgado. La silueta descubierta era mi mamá. Su figura de joven apareció. Después encontré otros bordes y aparecieron más dibujos de mi mamá cuando era joven. En cada uno de ellos aparecía mostrando sus piernas, desde los tobillos hasta los muslos. Ella sonreía.
Despierta.
Recuerdo, en algunas fotografías, a mi madre en traje de baño. Sus piernas morenas, brillaban bronceadas, eran torneadas y con líneas finas de músculos discretos. Ella siempre tuvo hermosas piernas. Incluso ahora en su vejez no le han enflacado y su chamorro aún es pronunciado. Mi papá adulaba las piernas de mi madre. Esas piernas que le sirvieron para correr y escapar de los jalones de trenza que le daba su hermano, las mismas que la pusieron en la selección de basquetbol de su escuela, las mismas para subir al cerro de la Bufa en Zacatecas, las mismas para correr y tomar el autobús para fugarse con mi papá. Mi madre bailó como pirinola, y hubiera querido dedicarse a ser rumbera. Mi mamá hasta antes de enero caminaba calles y calles par ir al mercado y visitar a cada uno de los marchantes.
La doctora ha dicho que necesita unos injertos en sus rodillas antes de quedar en silla de ruedas. La doctora ha dicho que mi madre debe pensar a que le tiene menos miedo, si a la operación o la silla de ruedas. Pero creo que mi madre piensa en otras cosas, al igual que sus hijos, pensamos en su vida, en su libertad, en las gracias y alegrías que le han dado sus piernas, y en que queremos que esté feliz y bien.
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