2.06.2013

Ojalá no se me olvide

He sido mala e injusta conmigo misma. No me gustaría mencionar los adjetivos que  a veces cruzan por mi cabeza cuando apresuro conclusiones acerca de mi vida profesional. Es que a estas alturas, no soy jefa, ni gerente, y aunque tengo muchos años de preparación igual que un médico especialista, no cobro la consulta como ellos lo hacen, ni tampoco cobro como algunos colegas que tienen la misma formación que yo. De hecho me he capacitado con autores internacionales, tengo publicaciones y aún así, gano poco, no digo muy poco, pero sí por debajo de lo esperado, y cualquiera me nombraría con los adjetivos que a veces yo uso, o quizá con algunos más graves. El asunto es que hoy, después de mucho tiempo me he reconciliado conmigo, y creo que no en vano, he decidido ganar lo que gano, y de la manera como lo hago. Creo que habrá mejores adjetivos que describan mis prácticas  profesionales y sus consecuentes remuneraciones económicas. Estudié en la universidad pública y siempre tuve en mi mente una alianza hacia la clase oprimida y trabajadora, por ello nunca he decidido cobrar tarifas altas en mis consultas, de hecho justo ahora tengo una paciente a la que no le cobro ni un peso y que atendía en la escuela pública donde trabajo; además siempre negocío el costo de la consulta. Ahora debería valorar mis decisiones laborales y profesionales, ya que mis acciones van en consonancia de mi deseo de ayudar y de hacer bien. Recientemente, mi sueldo ha bajado, porque decidí invertir más horas de trabajo en la escuela pública que en la privada, y aunque hubo momentos de susto y duda sobre lo que había hecho, hoy, justo hoy, no me arrepiento. Mi vida en el  trabajo de la escuela pública me llena de satisfacción y siempre regreso contenta. Me siento mejor profesionista trabajando en la escuela pública, los alumnos reciben con más valor que entrego y yo así siento que hago un mundo mejor.
Creo que necesito poco económicamente, y más afectivamente, y mi pobre y humilde trabajo me da lo que necesito. Me he dado cuenta que a pesar de tener más trabajo estoy más alegre, menos cansada y más fuerte. Gano menos, pero seguramente ganaré más salud, me ahorraré la terapia y haré más felices a los de mi alrededor. No gano mucho dinero, no me arrepiento, y ello me define de formas que van acorde con quién deseo ser. Ojalá no se me olvide.

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