I. Mi mamá tenía una amiga que era un enigma para mí. La Sra. Edith llegó a Veracruz, niña alemana refugiada. No conozco más su historia, yo era muy niña cuando ellas compartieron su amistad. Recuerdo a mi madre conversando con ella mostrando un rostro atento, sereno, sobrio e interesado. Mi mamá me ha contado, ya que murió la Sra. Edith, que ella fue una mujer que a una edad de adulta madura decidió estudiar la carrera de Sociología. Mi madre conversaba con ella de temas de música, cine y libros. Mi madre siempre fue ama de casa, pero desde mi aprecio, interesada en saber, reflexionar y profundizar.
II. Cristina Pacheco se parece a mi madre cuando era joven. Su rostro era tostado y brillante como el de Cristina. El cabello caoba, libre y esponjado. Piernas fuertes, torneadas con líneas claras y delicadas.
III. Extraño escuchar a mi madre conversar apasionadamente. Sus amigas han fallecido y sus conversaciones ahora giran en torno a las preocupaciones, la enfermedad, la debilidad de sus rodillas... pocas veces transita por otros temas.
IV. Fantasía.
Si Cristina Pacheco entrevistara a mi madre la haría conectarse con sus pasiones como lo hace siempre con sus invitados.
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5.23.2013
9.06.2012
Acceso a una Vida Libre de Violencia
Cada martes, estuve asistiendo a la bilioteca a una serie de charlas denominadas "Horizontes de Género" y tuve la oportunidad de enriquecerme con la diversidad de ideas y profesionistas que abordaron el tema; además me dió la oportunidad de conocer personas más afines a mis convicciones. Entre los comentarios de una de las particpantes mencionó a un autor: Mijaíl Bajtín, yo muy curiosa me acerqué a ella para saber de dónde o cómo había leído al autor. La participante resultó una joya, es una lingüista, doctorada en Inglaterra, familiarizada con las ideas del Construccionismo Social... etc... etc... Hicimos un click tremendo. Me invitó a dar una charla a sus alumnos de maestría y bueno... me estrené divulgando mis ideas preferidas de la psicología a otros profesionistas y me fue muy bien.
Me he desviado un poco, pero retomo. Gracias a esos martes gloriosos, he conocido a un grupo de mujeres que están haciendo mucho movimiento
acá en mi pueblillo para trabajar en las codiciones de equidad género y
violencia. Yo, desde hace tiempo, estuve buscando una ONG para ofrecerme como voluntaria para trabajar con mujeres, primero lo hice con las mujeres con cáncer, pero la asociación de deshizo no funcionaba como debía, después quise trabajar para las mujeres que han sido encarceladas por haber abortado, y aunque me dieron varias citas, nunca coincidomos en horarios o me cancelaban. En mi mente siempre ha estado la idea de hacer algo más, es decir con mayor impacto social, salir un poco de la escuela y la consulta. Ahora me han inivtado a trabajar en un proyecto de impacto estatal para trabajar el tema de la violencia hacia las mujeres. Me siento muy emocionada. Trabajaré como voluntaria, claro que sin paga alguna, pero con muchas ganas de aprender y seguir conociendo personas valiosas con quién pueda expresarme libremente.
El tema de la violencia hacia las mujeres, en general me toca muchas fibras sensibles, reconozco en mi historia ese dolor y aún a la distancia creo tener algunas cicatrices, física y metáforicamente hablando. No es fácil acercarse a esas aguas, pero lo hago con bastante entrega, compromiso y deseos de hacer bien las coas.
La vida me está acercando bastante a mis sueños, y no dejo de agradecerle por hacerme caso en mis esfuerzos. Gracias nuevamente.
7.20.2011
La cama
Espero que la cama no sé de cuenta que gasto tiempo demás en ella. Si sabe que me estoy acostando más allá del tiempo reglamentario comenzará a tenderme una trampa. Al incio se portará como buena anfitriona, se suavizará y acomodará sus entrañas para que mi cuerpo se tienda y expanda de manera apacible. Abrirá huecos para que no me lastimen sus costuras ni resortes, y silbara una melodía que no será audible para mi, aunque la gata sí la podrá escuchar. La cama es un buitre blanco. He sido testigo de los daños que ha provocado. Los dolores de cabeza de una vecina debían ser aliviados en una siesta vespertina, se convirtieron en su enfermedad cuando las siestas se prolongaron por horas. Al incio la cama tendío la trampa y se volvió irresistible, después fue porque con su silencioso silbido a la vecina le provocó alteraciones, le vino la menopausia temprana y una profunda depresión. Pobre vecina. Pobres, también los hijos que se quedaron al borde de la cama esperando que la mamá se levantara. "ya voy, ahora me paro" eran las palabras de la vecina, mientras los hijos no sabían si llorar, cuidar o irse a jugar. Esa cama mató en vida una porción de existencia de la vecina y también de los hijos que se quedaron sin el cuidado de la madre. También es memorable aquella viejita que padecía reumas y que tenía tan buen ánimo. La cama le hizo creer que entre las sábanas encontraría el remedio, pero sólo creció la enfermedad, la cama le comenzó a silbar silenciosamente y meter ideas "estás enferma, para qué te levantas, ya no hay remedio", y la viejita crédula que esas ideas de venían de una virgen a la que le rezaba, comenzó por ceder sus ánimos y aceptar la irremediable enfermedad. La viejita se quedó en las tripas de la cama mientras sus amigas le decían que se levantara que estaba sana y aún podía caminar. De quién más tristeza me dió que cayera en los hechizos de la cama fue la chamaquilla adolescente del edificio de enfrente, que después de tener una discusión con el novio, entró a su casa llorando y se fue directamente a la cama. Pobre niña, fue una presa fácil, la almohada la consoló y secó la lágrimas, le dió algunas horas de inspiración para que escribiera una extensa carta de amor y consolación, así la muchachita durmió aparentemente placida y tranquila mientras el silbido silencioso de la cama la convenció de que no valía la pena vivir y por la madrugada, la chica se levantó tomó las sábanas blancas y se colgó desde el balcón.
Maldita cama asesina, y si no es por estas historias, que otras razones tendría escapar y temerle a ella.
No todas las historias de cama son tragedia
1.01.2011
El orden tras las puertas cerradas
Cuando las mujeres limpian el espacio, la naturaleza salvaje se desarrolla mejor.
Clarissa Pinkola Estés.
Carmen reflexionaba que en estas fechas le llaman año viejo a los últimos días, horas y minutos a pesar de que son nuevecitos, como los primeros del año. Los últimos días –se cree- forman parte de lo viejo como si al día siguiente realmente viniera todo lo nuevo. Aún así, pensaba en hacer los rituales de despedida para prepararse a lo nuevo.
Carmen abrió las puertas del closet para comenzar el ritual de orden, jaló las manijas en las mismas fechas que lo hicieron otras mujeres en otros tiempos. Los cajones se vacían y reclasifican mientras se van a remojar las prendas que guardan humedad y olvido. Entonces se ponen en el escaparate de la cama y el piso, las prendas a las que hay que juzgar para definir su permanencia o no. A cada prenda se le tiene cariño, por algún motivo fue elegida para cuidar y proteger la intimidad de la piel y el cuerpo. Ahora viene el juicio injusto. ¿Qué se queda, qué se va? La antigüedad no tiene que ver como criterio. Carmen rescata año tras año algunas prendas y otras apenas resisten el primer juicio. Años atrás descartó los abrigos heredados por la tía abuela, no quiso cobijarse con ellos aunque eran de buena lana, despreció la herencia de las mujeres de su familia para desear cobijarse con su propia ropa. Así que, elegir lo que de Uno mismo ya no cobija, se vuelve más complicado. La medida es un buen comienzo. Carmen le dice adiós a la ropa de talla chica, su carne no cabe más en las medidas de la tela. Otras le quedan chicas del alma, le hacen parecer con una personalidad que ya no le viene ni representa a la que es. Hay prendas que forza en salvarlas del exilio, les tiene tanto afecto y piensa que realmente las usará, y las guarda en el cajón de “por si acaso”, aunque en el fondo sabe que ya no las necesita y debería desocupar el lugar para dar espacio a lo nuevo. Este año se esforzó por abrir los cajones y desprenderse del afecto entrañable de algunas prendas y de un sólo jalón llenó dos bolsas grandes con la ropa que sacaría de su vida, por ello decidió no pensarlo demasiado y se concentró en la sensación que se libera cuando una mujer sabe que su closet está en orden y limpio. Cerró los ojos y se imaginó entrando a su casa sabiendo que ese espacio ya está en orden y aunque nadie más lo note al entrar a la casa, ella sabe que su closet se ha ampliado. A Carmen le ayudó pensar en espacios abiertos y bañados de aire, se imaginó que prestaría atención a otras texturas y colores y se atrevería a cambiar sus combinaciones habituales para dejarse renovar con mayor frescura.
Tras la limpieza, las puertas ya están cerradas nuevamente, pero aún así el aire fluye y se respira mejor.
Carmen recibió otro año más, limpiando y renovando lo mismo que no es lo mismo, ampliando el closet y haciendo la labor de respirar una nueva casa.
Carmen abrió las puertas del closet para comenzar el ritual de orden, jaló las manijas en las mismas fechas que lo hicieron otras mujeres en otros tiempos. Los cajones se vacían y reclasifican mientras se van a remojar las prendas que guardan humedad y olvido. Entonces se ponen en el escaparate de la cama y el piso, las prendas a las que hay que juzgar para definir su permanencia o no. A cada prenda se le tiene cariño, por algún motivo fue elegida para cuidar y proteger la intimidad de la piel y el cuerpo. Ahora viene el juicio injusto. ¿Qué se queda, qué se va? La antigüedad no tiene que ver como criterio. Carmen rescata año tras año algunas prendas y otras apenas resisten el primer juicio. Años atrás descartó los abrigos heredados por la tía abuela, no quiso cobijarse con ellos aunque eran de buena lana, despreció la herencia de las mujeres de su familia para desear cobijarse con su propia ropa. Así que, elegir lo que de Uno mismo ya no cobija, se vuelve más complicado. La medida es un buen comienzo. Carmen le dice adiós a la ropa de talla chica, su carne no cabe más en las medidas de la tela. Otras le quedan chicas del alma, le hacen parecer con una personalidad que ya no le viene ni representa a la que es. Hay prendas que forza en salvarlas del exilio, les tiene tanto afecto y piensa que realmente las usará, y las guarda en el cajón de “por si acaso”, aunque en el fondo sabe que ya no las necesita y debería desocupar el lugar para dar espacio a lo nuevo. Este año se esforzó por abrir los cajones y desprenderse del afecto entrañable de algunas prendas y de un sólo jalón llenó dos bolsas grandes con la ropa que sacaría de su vida, por ello decidió no pensarlo demasiado y se concentró en la sensación que se libera cuando una mujer sabe que su closet está en orden y limpio. Cerró los ojos y se imaginó entrando a su casa sabiendo que ese espacio ya está en orden y aunque nadie más lo note al entrar a la casa, ella sabe que su closet se ha ampliado. A Carmen le ayudó pensar en espacios abiertos y bañados de aire, se imaginó que prestaría atención a otras texturas y colores y se atrevería a cambiar sus combinaciones habituales para dejarse renovar con mayor frescura.
Tras la limpieza, las puertas ya están cerradas nuevamente, pero aún así el aire fluye y se respira mejor.
Carmen recibió otro año más, limpiando y renovando lo mismo que no es lo mismo, ampliando el closet y haciendo la labor de respirar una nueva casa.
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