Mostrando entradas con la etiqueta cazando fantasmas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cazando fantasmas. Mostrar todas las entradas

5.10.2013

Me extraño

"La niña", hija del "Viruta". Abueleó en los colores a mi entrañable "Chomoma"

Me extraño a mí misma venir por acá.

Extraño hablar de los viajes que he realizado, de los logros que he tenido a nivel personal y profesional. Extraño hablar de las sopresas que me da y dan la vida.
Extraño contar cosas de gatos.
Si hubiera tenido el tiempo les habría contado que me desmañano antes de las 6 para practicar yoga en mi casa, que para fluir me pongo a colorear mandalas, y a veces medito un poco. Si hubiera venido antes por acá, les habría contado que me tuve que despedir de mi casita Palma Sola en GDL y ya pasó a manos de su nueva dueña, y me hubiera puesto melancólica relatando historias de mi gata Chomoma y Clodomiro en esa casa. Si hubiera tenido la oportunidad les hubiera contado de mi determinación para dejar fuera de mi vida algunos malos vicios.

Ahora sólo queda el tiempo presente y la ilusión del provenir que ahora tiene cara de buenos amigos: me tiende una mano y me mira con una serena sonrisa.

2.19.2013

Buenas y malas historias

Soy experta en contar a  los demás las buenas historias sobre mí misma, ya sea en historias sencillas o heróicas aparecen sentidos luminosos de mi camino. He convencido a los demás de mis buenas historias, y al convencerlos, no digo que he mentido, porque esas historias son verdad.
Yo quisiera arrullarme y convencerme de esas buenas historias, y no meterme a la cama con las historias de mis faltas y carencias. En mi familia no se acostumbraba a contar buenas historias, y cuando yo poseía Una Buena Historia me escondía, me avengonzaba, y cuando la mostraba era escuchada desde la envidia y venían los malos tratos. En esa casa, cuando comenzó a llenarse de tristezas y preocupaciones, era mal visto que cualquiera tuviera un sueño y fuera feliz. A mi papá le costó bastante defender su pasión por la fotografía, de hecho mi mamá dejó de compartir la recámara con él.
Ya me cansé de contarme a mi misma las malas historias, quiero creerme también Las Buenas Historias, tenerlas presentes y poseer su enseñanza. No sólo las malas historias dejan aprendizaje, también de las buenas. Esperemos vaya saliendo mi voz en las buenas historias sobre mi misma, y no llegar a casa para cobijarme en ellas. Quiero dormir arrullada con buenas historias, me he cansado del lobo feroz. Le diré a mi Físico antes dormir que me cuente Una Buena Historia para acallar fantasmas.

1.15.2012

La cuesta de enero

Tengo una tos implacable desde hace unos días. Me tomé un día del trabajo, mi oficina es helada y no quiero congelarme, debo volver mañana, pero no quiero. Los deseos y planes para este año son apenas unas pequeñas semillitas. En momentos, me sumerjo en la tristeza y la preocupación, la culpa ya casi no existe. Mis ganas de escribir se bloquean, porque no quiero hablar de hechos o pensamientos que no acepto. Doy vueltas a mis pensamientos y ellos me suben a un carrusel, estoy mareada, quiero bajar. Mis pies están frios, mis ojos cansados, no traigo los pupilentes, veo borroso, mejor así. Quiero ser fuerte, fuerte, dejar el llorar antes de que me peguen. Quiero creer en la palabra Confianza, porque a la de Ojalá le perdí la fé. Me doy cuenta que me siento pequeña y no me agrada, quiero dejar de castigarme, ya que me libré de los que por fuera lo hacían. Escribir esto no tiene sentido, aunque al menos dreno un poco el cielo sombrío. He realizado muchos trámites para poner en orden algunos asuntos y ha sido cansado, pero aún me falta uno que otro. La vida no para, los hechos, las ideas, el quehacer, el trabajo. Se terminan las medias-vacaciones, antes de la tos las disfruté, leí mucho, comí una caja entera de chocolates bon-o-bon. No estoy lista para regresar, no tengo mi planeación, no tengo libreta nueva, ni pluma, ni carpeta. Realmente no quisiera regresar, tengo tos, tengo muchos planes para hacer desde casa. La vida sigue. Me subieron la renta en el consultorio, en el depa. Me siento fuera de mi, y ya quisiera regresar, hay una usurpadora con tos en mi cuerpo, la quiero sacar por favor, que se vaya y me deje en paz. Paz. En paz.

12.28.2011

Sin título. Técnica teclado sobre blogger


Por ahora no me decido sobre la manera de evaluar este año. Mentiría si digo que fue el mejor de mi vida, también si digo que el peor o que en realidad no pasó gran cosa. Por lo pronto ahora sí tengo ganas de que acabe este año, tengo prisa por dejar algunas experiencias atrás.
Me puedo centrar en algunos aspectos para describir este año y dar las grandes noticias únicamente para terminar con un buen sabor de boca, entonces les diría que hace unas semanas que tenemos en nuestras manos las escrituras de un bello terreno que compramos, y por ende, con una noticia de gran tamaño diríamos: sí que me fue bien. Por otro lado también podría contar noticias grandes y tristes que me embargaron y que aún no termino por acomodar. Siendo así, diríamos que hay un empate y este año quedó neutral entre lo bueno y malo, pero no, la neutralidad no existe y es políticamente incorrecta. Más bien, este año sí que me hizo vivir, probé cosas nuevas, consolidé otras, fui obligada a algunas, pero con fuerza, esperanza y desganos, viví. Estoy vivita y coleando. Me queda aún más.

Este año pensé mucho, mucho, estuve mucho guardada en el armario, y ahora me estoy alistando para salir.  Espero que el mundo no me coma ni abuse de mí como en mis fantasías lo hace, tampoco espero volverme otra de manera radical, sólo quiero ser cada vez más yo, yo.

11.27.2010

Cuento de cuna contra el olvido de las buenas cosas



Mi mamá me dice, desde hace un par de años,  me sueña como bebé, y entonces me cuida y me mima. No puedo entrar a su cabeza y saber por qué me sueña de esa manera. Ella misma hace la pregunta y la deja en el aire, espera yo tenga una respuesta para ambas, pero no es así.

Fui la última de una segunda camada de hijos, con una diferencia de casi 15 años entre los primeros y los segundos. Nunca me cuestioné mi lugar, mi mamá siempre me dijo que ella tuvo los hijos que le quiso dar Dios y que en realidad nunca se cuidó para no tener hijos.  Esta idea me gustaba y me sentía deseada y amada, pero mi hermana se encargó (por envidia) de decirme otra historia. Dijo que en realidad mi hermano, que nació antes que yo, no era esperado, y entonces yo mucho menos, y que de los no esperados yo era la más inesperada. Entonces llegué a la conclusión que cuando nací, estuve rodeada del enojo de dos hermanos, a uno por haberlo destronado como bebé y a la otra, por destronarla como única mujer. Me miro en restrospectiva en años y quiero saber qué pude sentir como bebé al nacer en una circunstancia así, pero no me recuerdo ni reconozco como yo quisiera hacerlo, yo era una bebé, una recién nacida, como en los sueños repetitivos de mi mamá.

Mi mamá decidió darme su primer nombre, el mismo de aquella Santa que, dicen, cuando era recién nacida, la salvó de esa pulmonía y de la mala suerte ser sepultada. A mi me eligió para darme su nombre, y aunque nadie me llama así, hace años que ya viene gustándome. Ese nombre le dio fuerza a mi mamá, y la salvó de la muerte. ¿Para qué me dio ese nombre a mí? ¿De qué querría salvarme? ¿De cuál muerte?

Antes de que yo naciera,  mi mamá (después de un enojo con mi hermana) sale al patio de la privada en la que vivía su tía, sale enojada y en un descuido resbala , para tratar de no caer, erróneamente, jala un tanque de 30 kg de gas y le cae encima y la tira de piernas abiertas en el hueco de un aligibe. En ese instante pude haber salido del vientre de mi mamá e irme directo al agua fría, pero no fue así. Me aferré a la vida y mi nacimiento, meses después –dice mi mamá- fue muy tranquilo. ¿Qué tengo de mi mamá además del nombre? ¿Qué nos une en esos sueños repetitivos de mi mamá? Yo quisiera de ella la fuerza, no sólo de evitar la muerte, si no de enfrentar la vida.

Una imagen imborrable que contradice su fuerza  es su etapa de depresión. No me gusta acordarme de esa etapa, porque en realidad en su vida hay muchos pasajes llenos de alegrías y tenacidad. Pero yo nací cuando su juventud se había ido, y sus sueños se fueron dormitando. Mi mamá, mientras yo era adolescente, estuvo dormida en el sillón por problemas con la presión, yo pienso que depresión. En esa época mi mamá decía: En el refri hay comida, hazte un bistec. Era verdad, en mi casa siempre hubo bistec, pero también coca-cola, mi consuelo dulce ante la incertidumbre de mi madre enferma. Para entonces mis hermanos mayores ya no estaban en casa, y me quedé con mi hermano golpeador. Esa época de mi mamá duró algunos años, pero a mí me pesan como eternidad y borran con facilidad “Mi Otra Madre”. La que se levantó de la posibilidad de morir, la que que aventuró por amor y dejó su casa, la que jugó basket en una época que el ejercicio era vetado a las mujeres, la que socorría a sus amigas, la que soportó la pobreza, la que esperó un año a mi padre, la que se rebeló contra las tradiciones de sus tías, la que nunca se entristeció por su orfandad…

¿Qué tengo de mi mamá, además del nombre? ¿Con qué elijo quedarme?  No quiero a la madre que me abandonó por su depresión, quiero a aquella que tuvo la fuerza de librar la muerte, pero sobre todo quiero aquella que es capaz de enfrentar la vida.

Madre dame fuerza.

La madre que me abandonó por su depresión no me dio explicaciones.

Madre: Yo era demasiado buena hija e hice todo para que pudieras estar feliz y orgullosa de mi, pero estuviste en la tristeza, y me abandonaste. Yo me sentia imperfecta, fea, insuficiente. No pude retenerte en esa época, no pude traerte a la vida, y tú nombre no sonó tan fuerte para levantarte del sillón por algunos años.

Yo sé que los padres no son perfectos, y a estas alturas debería perdonar sus abandonos a la tristeza, a la depresión, pero también debería perdonarme a mí cuando toco esas aguas saladas. No debería juzgarnos tan duro. Somos mujeres, tenemos el mismo nombre, a veces caemos y ese no es el fin. Sin embargo, a diferencia de mi mamá, yo siempre le he puesto palabras a lo que siento y he aprendido a dejarme cuidar y mimar como en esos sueños de mi madre. A lo mejor a la distancia y en sueños mi mamá trata de sanarme en esos abandonos, y por eso me mima, y por eso soy bebé.

Mamá, ayúdame a sanar mis heridas de la misma manera en que me cuidaste la herida de mi ojo cuando la vecina me lazó al aire y mi cara cayó en el pico del barandal y por muy poco quedo sin un ojo. Cuídame, aún a la distancia, a pesar de los años, porque ya entendí que tu fuerza nace cuando ayudas a otros. Ayúdame y te ayudarás. Ya vendrás a visitarnos en navidad y probarás conmigo que hay mejor alimento que la coca-cola como consuelo dulce.

9.18.2010

Huyo del deseo

En realidad ningún fantasma viene a comerme. Son "el deseo y el bien" que me quieren acunar, pero no estoy acostumbrada. Me creo bastante mayor para mimos. Me enseñaron a recibir malas noticias y a esperar lo peor, a hincarme, a cerrar los ojos para no ver el huracán, me hicieron creer que lo bueno no es gratis, y cuesta, cuesta obtenerlo. Pero esta vez, eso grande que viene hacia mí no es un mal. Pero es tan inmenso que creo me hará daño. La puerta de mi casa es muy pequeña para que pueda entrar. Será un tifón potente, me destruirá. No, no, no.

Ojalá me tenga pacienica y no se vaya.

No estoy acostumbrada a las Grandes Visitas. Mi cama y sillas son de otra medida, como en Ricitos de Oro. Paciencia, Sr. Deseo. Sé que viene a mostrarme algo bueno y valioso. No se vaya, espere a la entrada, pero deje de sonar el timbre que sacude mi paz. Me siento muy pequeña ante su inmensidad. Soy tímida. Entienda. No tardo, ya voy. Casi estoy lista para abrir.

Kran al alacrán

Un alacrán se mete a mi cama y me dice que es mi salvación. Por suerte, ya antes me habían contado la anécodota del sapo desconfiado que fue convencido por el alacrán para llevarlo al otro lado del río, y a medio camino terminó picado; por eso, cuando estoy a punto de creerle, ya no hago caso.

El alacrán silbó a mi oído, la noche de ayer y la anterior. ¿Conocen cómo silba un alacrán? una alumna me enseñó a reconocerlo, uno no sabe que está ahí y puede confundirse con el zumbido del silencio. Dos noches ha venido. Primero a decirme que es poderoso y, luego para decirme que es todo amor. Al despertar tuve miedo que me arrancara la paz y me inyectara su veneno. Pero ahora sé que viene porque sabe que estoy bien y estoy a punto de construir algo bueno. No digo que sea algo grande porque me asusto, pero sé, lo sé, en el fondo que viene algo bueno.
A pesar del miedo, hay un punto que me dice "por aquí, por aquí"

El veneno

El veneno afecta a mis pensamientos con su tinta negra. Me castiga y pone frente a la pared de fusilamiento. Yo le digo que se vaya. No tengo antídoto, o eso creo. Me hace pensar que si persisto en su tinta, me ahogará y se llevará consigo la luz que atrae a otros. El veneno, pienso, me dejará sola, ahuyentará el amor porque nadie quiere verme débil. Así es el veneno, penetrante. Tomo leche, dicen que la leche con sal provoca el vómito. También la leche quita las manchas de tinta. ¡Cuántas veces remojé mi uniforme de secundaria cuando me gustaba rayarme la falda con tinta azul!  Tomaré leche, como bebé. El veneno se irá, dejará a mi mente en paz.