11.27.2010
Cuento de cuna contra el olvido de las buenas cosas
Mi mamá me dice, desde hace un par de años, me sueña como bebé, y entonces me cuida y me mima. No puedo entrar a su cabeza y saber por qué me sueña de esa manera. Ella misma hace la pregunta y la deja en el aire, espera yo tenga una respuesta para ambas, pero no es así.
Fui la última de una segunda camada de hijos, con una diferencia de casi 15 años entre los primeros y los segundos. Nunca me cuestioné mi lugar, mi mamá siempre me dijo que ella tuvo los hijos que le quiso dar Dios y que en realidad nunca se cuidó para no tener hijos. Esta idea me gustaba y me sentía deseada y amada, pero mi hermana se encargó (por envidia) de decirme otra historia. Dijo que en realidad mi hermano, que nació antes que yo, no era esperado, y entonces yo mucho menos, y que de los no esperados yo era la más inesperada. Entonces llegué a la conclusión que cuando nací, estuve rodeada del enojo de dos hermanos, a uno por haberlo destronado como bebé y a la otra, por destronarla como única mujer. Me miro en restrospectiva en años y quiero saber qué pude sentir como bebé al nacer en una circunstancia así, pero no me recuerdo ni reconozco como yo quisiera hacerlo, yo era una bebé, una recién nacida, como en los sueños repetitivos de mi mamá.
Mi mamá decidió darme su primer nombre, el mismo de aquella Santa que, dicen, cuando era recién nacida, la salvó de esa pulmonía y de la mala suerte ser sepultada. A mi me eligió para darme su nombre, y aunque nadie me llama así, hace años que ya viene gustándome. Ese nombre le dio fuerza a mi mamá, y la salvó de la muerte. ¿Para qué me dio ese nombre a mí? ¿De qué querría salvarme? ¿De cuál muerte?
Antes de que yo naciera, mi mamá (después de un enojo con mi hermana) sale al patio de la privada en la que vivía su tía, sale enojada y en un descuido resbala , para tratar de no caer, erróneamente, jala un tanque de 30 kg de gas y le cae encima y la tira de piernas abiertas en el hueco de un aligibe. En ese instante pude haber salido del vientre de mi mamá e irme directo al agua fría, pero no fue así. Me aferré a la vida y mi nacimiento, meses después –dice mi mamá- fue muy tranquilo. ¿Qué tengo de mi mamá además del nombre? ¿Qué nos une en esos sueños repetitivos de mi mamá? Yo quisiera de ella la fuerza, no sólo de evitar la muerte, si no de enfrentar la vida.
Una imagen imborrable que contradice su fuerza es su etapa de depresión. No me gusta acordarme de esa etapa, porque en realidad en su vida hay muchos pasajes llenos de alegrías y tenacidad. Pero yo nací cuando su juventud se había ido, y sus sueños se fueron dormitando. Mi mamá, mientras yo era adolescente, estuvo dormida en el sillón por problemas con la presión, yo pienso que depresión. En esa época mi mamá decía: En el refri hay comida, hazte un bistec. Era verdad, en mi casa siempre hubo bistec, pero también coca-cola, mi consuelo dulce ante la incertidumbre de mi madre enferma. Para entonces mis hermanos mayores ya no estaban en casa, y me quedé con mi hermano golpeador. Esa época de mi mamá duró algunos años, pero a mí me pesan como eternidad y borran con facilidad “Mi Otra Madre”. La que se levantó de la posibilidad de morir, la que que aventuró por amor y dejó su casa, la que jugó basket en una época que el ejercicio era vetado a las mujeres, la que socorría a sus amigas, la que soportó la pobreza, la que esperó un año a mi padre, la que se rebeló contra las tradiciones de sus tías, la que nunca se entristeció por su orfandad…
¿Qué tengo de mi mamá, además del nombre? ¿Con qué elijo quedarme? No quiero a la madre que me abandonó por su depresión, quiero a aquella que tuvo la fuerza de librar la muerte, pero sobre todo quiero aquella que es capaz de enfrentar la vida.
Madre dame fuerza.
La madre que me abandonó por su depresión no me dio explicaciones.
Madre: Yo era demasiado buena hija e hice todo para que pudieras estar feliz y orgullosa de mi, pero estuviste en la tristeza, y me abandonaste. Yo me sentia imperfecta, fea, insuficiente. No pude retenerte en esa época, no pude traerte a la vida, y tú nombre no sonó tan fuerte para levantarte del sillón por algunos años.
Yo sé que los padres no son perfectos, y a estas alturas debería perdonar sus abandonos a la tristeza, a la depresión, pero también debería perdonarme a mí cuando toco esas aguas saladas. No debería juzgarnos tan duro. Somos mujeres, tenemos el mismo nombre, a veces caemos y ese no es el fin. Sin embargo, a diferencia de mi mamá, yo siempre le he puesto palabras a lo que siento y he aprendido a dejarme cuidar y mimar como en esos sueños de mi madre. A lo mejor a la distancia y en sueños mi mamá trata de sanarme en esos abandonos, y por eso me mima, y por eso soy bebé.
Mamá, ayúdame a sanar mis heridas de la misma manera en que me cuidaste la herida de mi ojo cuando la vecina me lazó al aire y mi cara cayó en el pico del barandal y por muy poco quedo sin un ojo. Cuídame, aún a la distancia, a pesar de los años, porque ya entendí que tu fuerza nace cuando ayudas a otros. Ayúdame y te ayudarás. Ya vendrás a visitarnos en navidad y probarás conmigo que hay mejor alimento que la coca-cola como consuelo dulce.
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¡¡Guau, cuántas cosas!!
ResponderEliminarEs difícil comprender el proceder de los padres hacia uno, me parece que lo es aún más cuando han tenido a cuestas la crianza de varios hijos y las relaciones entre hermanos de diferentes edades, también es muy complicada.
Ojala algún día tu Mamá esclarezca esos sueños y tengan ambas un poco de tranquilidad en la ya de por si confusa existencia.
Te reitero mi admiración y agradezco que compartas estos pasajes de tu vida, tus vivencias son muy interesantes, se leen sin aburrimiento de principio a fin.
Cuídate Involucrada, que estés muy bien y te vaya mejor cada día, luego nos leemos.
me parece muy admirable que compartas estas cosas. las relaciones madre/hija son muy complicadas...mas q con cualquier persona...porq las mujeres de por si somos asi!
ResponderEliminarmi madre no es perfecta..esta muy lejos de serlo, es mas..siempre la describo como muy buena persona..y como una madre regular. igual la quiero :)
besos
Este post es como si durmieras y en sueños hablaras lo que acabamos de leer.
ResponderEliminarY creo que hay que salir de aqui de puntitas para no despertarte porque cualquier cosa que digamos no tiene sentido o esta de más.
Pero podemos decir gracias por dejarnos leer.
Y que estamos contigo. Mas de lo que podrias creer.
Pherro,
ResponderEliminarEspero pronto dejar de novelar tanto mi historia, no es tan sencillo, pero sólo lo hago para exorcizar fantasmas.
Y vaya que lo logro.
Gracias.
Lauri,
ResponderEliminarMe tardé en compartir mi post, pero aquí está. Ahora después de escribirlo entiendo que exigimos demasiado a la madre y nosotras mismas a las mujeres por eso nos desgreñamos a veces. Deberíamos ser más benevolentes y menos exigentes. Quizá.
Saludos, y un abrazo.
Todavía,
ResponderEliminarGracias por entrar con cuidado. Afortunadamente ya se pueden dar pisadas sin preocuparse por ruido y no importa mucho.
Pero gracias por tus atenciones.
saludos grandes.
i like your post....
ResponderEliminarit hit home...
i agree with you, we have high expectations for our mothers...so high, it hurts...
thank you for sharing this experience with us....
Voy a emprender una campaña a favor de humanizar a las madres y no exigirles como Santas y Vírgenes.
ResponderEliminarTe unes?
Chapis, estos post se avisan.... Una jartá de llorar me he pagado con tus palabras agridulces.
ResponderEliminarMe he visto reflejada en lo que pones y espero que mi Adri no tenga tan vivo el recuerdo de mis tristezas... Los peques son tan sabios que no se les puede engañar. A ti te pillo ya mayorcita, supongo que estarías en la secundaria....
Siempre he escuchado la retahíla de cuando seas madre lo entenderas... hay algunas cosas que sí las aceptas hasta que tienes esa responsabilidad tan grande... Y las entiendes mejor.
Todos somos algo egoístas y juzgamos con mucha mano blanda. Creéme que si lo pasaste mal, tu madre lo pasaría peor. Pero el pozo tan grande de la depresión no tiene fin, mi niña. Incluso de ese tiempo tan chungo te hizo fuerte y quizás hasta hoy te des cuenta de ello.
Ahora pasados los años, queda tan sólo el recuerdo de ese tiempo raro.
Que disfrutéis estas navidades todos juntitos, entre abrazo, apapacho, atole y posadas. Y esos frijolitos tan ricos que hacía tu mama, el guacamole, carne asada y todo bañado con Coca cola, no puede faltar (yo lo estoy dejando pero es harto complicado).
Los sueños se hacen realidad, en chico rato me llamas y me das la noticia.... que soy tia.
Un abrazo bien fuerte mi chapis, besito gordo y todo mi cariño.
Se te quiere y echa mucho de menos.
La chapita
Chapis, sí pensé en decir agüas con el post, pero qué le vamos a hacer. Vamos tranquis y al escribir esto reafirmo que deberíamos juzgarnos como mujeres con una mano más suave y comprensiva, y entiedo que mi madre me dió lo mejor que tuvo y que de su historia a la que me dió, dió un brinco de mil.
ResponderEliminarYa verás que tu ratón tendrá sus propias pezuñitas y no te lo vas a comer, además siempre lo rodeas de experiencias nuevas ya mor, eso vale mucho. No te juzgues, al menos si soy mamá quisiera también viajar ligera sin tantas expectativas.
un abrazo bella.