4.29.2008

Los abandonos

Yo no sé por qué tendemos a pensar en polos opuestos, somos hijos de la herencia maldita de la dicotomía: alma-cuerpo, bien-mal, ying-yang, cielo-infierno, pobres-ricos, ganadores-perdedores, víctima-victimario, el que abandona-el abandonado o como diría una canción “el que se va y el que se queda”. Mi relato girará en torno a lo que se abandona, y pues claro, queda implícito, el sujeto que abandona. De juicios… espero no pasarme de la raya, ni parecer que me cargo a un lado de la balanza (ya ven que tendencia tan fuerte esta cosa de la dicotomía), y si me cargo demasiado, pues “ya la cargué” y ni modo.

Suelen tenerse en la lista aquellos abandonos vueltos favoritos; por ejemplo, abandonarse a la flojera, abandonar los deberes para retomarlos a última hora, tirarse a ver películas, a dormir. Abandonarse y hacer “nada”, mientras se mira el techo-la pared-al gato-un cuadro o lo que sea que esté frente a nosotros, simulamos ver, pero en realidad no estamos ahí, si acaso, estaremos abandonados a nuestros pensamientos, a viajes astrales-a sueños diurnos.

También tenemos los abandonos incontrolables. Abandonarse al placer, la gula de un taquito más, sólo una probadita, sólo un trago, sólo un beso, hasta quedar perdido dentro del deseo.

Abandonar un vicio, que en mi caso, vaya ud. a considerar la gravedad o no del asunto, pero de lo más fuerte que me metía, era coca, y ya la dejé. Sí desde hace más de un año consideré que los excesos de cafeína y azúcar de la coca-cola estaban ocasionando que abandonara el consumo de agua y resultaba bastante perjudicial a mi peso y mis riñones. Además, decidí abandonarla por razones ideológicas y políticas que por ahora no voy a comentar.

Existen además los abandonos necesarios para salvarte del abismo. Animarse a dejar aquella amistad que desde hace tiempo hace daño y negabas a aceptar. Por fin, ponerle termino a esa relación de pareja, lleva un número mayor de secuelas comparada con la película -taquillera, pero mala- “Pesadilla en la calle del infierno”.

¿Qué si me han abandonado? Sí, ya qué, no soy monedita de oro. Me abandonó el camión de la esquina, me abandona el hambre después de un buen taco, la mugre después del baño, la sed después de una cerveza helada, también me abandona lo que se me pudre en el estómago, la prudencia y la vergüenza y por consiguiente se abandona en mí la desfachatez.

Así que los abandonos no sólo son buenos, ni malos. La lista sigue su curso. Los abandonos imprevistos, los que te salvan, los disfrutables, los saludables, los necesarios, los obligados, los dolorosos, los divertidos, los pecaminosos, los interminables…

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