3.26.2008

Espacio de luz

Hay un espacio donde sí hay luz y los rayos cautelosos entran para no despertar a la sombra. La ventana en la pared es un escaparate hacia la calle de los que sí viven. De los que tienen trabajo, aunque reniegan de él; de los que caminan preguntándose por qué se enojó la novia, por qué subió la leche, por qué hace calor. Afuera están las calles ondulantes, los adoquines, las palomas, la lluvia y los edificios con balcones. Afuera la gente va al cine, al parque, al bar, al motel. Adentro, Cecilia dice que no hay nada. El gato tiene días que no maúlla, el departamento huele a la tierra que la humedad escarbó de los rincones. Los viajes quedaron afuera. Afuera los amigos y los novios. La familia murió en vida, no quisieron saber de ella. El gozo del trabajo como enfermera quedó en un café; el jefe la invitó y le dijo que las plazas se cerraban y se cubrirían por voluntarias del servicio social, pero que si ella accedía y se portaba amable, él haría un esfuerzo por ayudarla. Adentro están las telarañas y las sombras, un gato cazando moscas y un radio que llora como viuda ciega.

Cecilia mira tras la ventana buscando nuevos recuerdos que le digan cómo es ella, ya se cansó de saberse en la misma historia. La novia esperando en la iglesia, los invitados justificando hay mucho tráfico, seguro viene en camino. Las amigas, lo siento mucho. El papá encabronado si ya lo sabía, los doctores no son de fiar. Cecilia duda que tuvo un novio. A lo lejos están las frases me gusta tu cuerpo, nunca había conocido a alguien tan inteligente, eres graciosa, muy graciosa.

Tocan a la puerta. Cecilia piensa es para el vecino. Un puño acelerado toca, toca. Dejará que insistan. Un vendedor más, qué se vaya. El golpeteo continúa, un puño, dos puños, tímidos, entrecortados. Cecilia abre. Un señor, vestido de gabardina con maleta en mano, se apresura a entrar. El señor cierra la puerta, como quien quiere dejar tras de sí al pasado, arroja la maleta y se hinca, abrazando las piernas de Cecilia. Las manos reptan, la toman de la cintura. Ella quiere empujarlo, llamar a la policía, que se lo lleven al mundo de fuera. Los labios del hombre en las manos de Cecilia. Los labios en los brazos, el cuello, la boca. ¡Qué se vaya!, ¿qué hace aquí?. El hombre de fuera quiere meterse al cuerpo de Cecilia, lo abraza y se presiona a él como si recién resucitara a la vida, a la mujer. Los besos de labios fríos se mezclan con el alma de Cecilia. Un latido entibia el momento. No lo conozco, ¿quién es él? Las manos con dedos largos tocan inesperadamente su seno caído por el peso de la prudencia. ¿Quién es él? La lengua escurre por el cuello, el vientre. Cecilia grita. Grita de placer, su boca y su cuerpo descubren al hombre. Los cuerpos se retuercen en una cama seca que huele a viejo, a gato, a sal. Dos incógnitos acarician la soledad, se convencen de que no están solos. Los cuerpos entretejen una sábana contra el vacío. En el cuarto, el gato maúlla, la sombra se come la luz y los cuerpos se duermen.

Cecilia despierta cuando no hay vida ni fuera ni dentro.

El hombre llegó con todo y maleta. Cecilia la revisa. Camisas percudidas, pantalones grises y cafés, la foto arrugada de una mujer, una pistola. Toma el arma con las dos manos, ¿y si viene a matarme?, primero lo mato yo. Camina. El cuerpo del hombre duerme en la cama. Lo mira. Las manos soban la pistola, mira al hombre. Observa las paredes vacías, las telarañas, la soledad, entonces guarda la pistola en el buró y vuelve a la cama. En el techo, las cuarteaduras dibujan un cielo de nubes quebradizas y el alma de Cecilia se consuela con dormir entre ellas.

Un chisguete de luz entra por la ventana. Despierta el hombre, despierta Cecilia.

- Vine a quedarme para siempre- ella hubiera querido preguntarle ¿quién eres?. Decir, es que me confundes. Pero por ahora, estaba bien.

- Tengo hambre- dijo él. Dejaron la cama y prepararon el desayuno. Sus movimientos en la cocina parecían una danza cotidiana alacena-estufa-estufa-cristalero. Uno frente al otro, a los costados de la mesa, se miraban con la confianza y desconfianza que viene de afuera, que viene de adentro. Él sabía que llegaba a otra vida, y ella, que hacía tiempo que no recibía nada, se conformó con el hombre, un gato y un radio.

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