8.02.2008

Los cuevanenses

Algún cuevanense me dijo:
“Somos raros. Somos los únicos que le hacemos fiesta a una presa y a una cueva”.

La apertura de la presa se retrasó. Ahí estuvo la filarmónica acompañando la primera apertura, en esta temporada, de la compuerta de la presa y poniendo término a las fiestas de San Juan y a los espectáculos de la Alhóndiga con música popular y banda. Gracias a Dios terminaron, porque esos conciertos que no me gustan y se metían a la casa sin ser invitados.
Lo que me maravilla es ver iluminado el cerro durante las fiestas de la cueva, en las dos últimas noches de julio volteas hacia el cerro y ahí está majestuosamente iluminado. Los cuevanenses de corazón adoran al cerro, a los picachos, a la bufa, a la cueva. Visitan al patrón de la cueva, va gente desde diversas comunidades, algunos en peregrinación, en cabalgatas, o en los camioncitos que salen desde el cantador. Hay historias de miedo de gente que murió en el camino, de mandas no cumplidas y que, si te descuidas, algún muertito te enjareta.
Los cuevanenses y sus fiestas tienen un sentido comunitario y de pertenencia, la gente se congrega, se alegra, se divierte, no tiene tan cargado ese cariz dramático ni de sacrificio que tienen otras fiestas mexicanas. Así que vivan las fiestas, que la del día de las flores es la que más me encanta.


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