8.04.2008

Testigos de vida


Los amigos, entre otras bellas y hermosas funciones, son testigos de vida. Los amigos pueden guardar en la memoria (con sus dosis consabida de emociones, torsiones y creaciones) lo que ha sido nuestra vida, ellos han sido testigos de pasajes lisos, rugosos, rigurosos, tensos, divertidos y ligeros de nuestras vidas. En los momentos de olvido ellos me recuerdan lo que he guardado en los cajones de la esperanza, del deseo y del espejo. Tengo amistades bajo la modalidad virtual y presencial, sin que esto implique que alguna de éstas sea superior o inferior a la otra, en ambas se abren diálogos que me acompañan aún cuando no nos hemos visto, hablado o conectado. En lo cotidiano me descubro platicando con ellos, preguntándoles y escuchando sus sabias preguntas y respuestas. Comparto amistades en las que sólo pongo pausa y rápidamente sin necesidad de tanto preámbulo en cualquier momentos ya estoy de nuevo en el lugar. Disfruto también descubrir lo habrá en esas nuevas amistades, que apenas me van a acompañando, y juntos vamos descubriendo un guión, una película. Me asombran aquellas que considero amistades a pesar de sólo habernos visto unas cuantas veces en la vida y cuyos encuentros me ha dejado sorprendida.
La amistad es un rebautizo de nombres, me han encantado las múltiples maneras cómo me han nombrado: Pedazo, Peque, Pequeña, Chapita, Pata, Patita, Papita, Patuchis, Patucha, Patruska … Ese rebautizo inaugura en mí diversas formas. Gracias, testigos de vida, por enseñarme las variadas maneras que tengo de ser y estar.

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