4.05.2008

Los regresos a la ciudad








Los primeros regresos fueron reencuentros. Volver a lo que recién dejaba. Estar de nuevo en los lugares que me gustaban de la ciudad. La avenida Vallarta que tantas veces caminé, el camellón de Chapultepec y La Paz testigo y cómplice de amoríos, la explanada de la Universidad que me acompañó a la espera de entrar al cine o de encontrarme con alguien, las escalinatas del Degollado y su cafecito, el pasaje de la calle Escorza donde alguna vez grabé un video-poema, la escuela de música que recién empezaba. Luego los cafés que habían sido testigos de las charlas. También los lugares ricos para comer: tacos de costilla, torta ahogada, el arroz frito, la comida en cajitas, las chantitas del mercado, fondue, quesadillas con pétalos de rosa…

Al estar de nuevo ahí, no me alcanzaba el tiempo para todo, ni para todos. Y al llegar aquí: cómo extraño la ciudad, ayyy cuándo regresaré, espero algún fin de semana, un puente, quiero regresar pronto, pronto.

Después los regresos fueron oportunidades. Traerme libros que había dejado, y ahora quería tenerlos de nuevo cerca de mí. Comprar cosas: juguetes para el consultorio, y es que en la calle de Juan Manuel hay bastantes y baratos; ropa térmica, porque acá hace mucho frío; un petate para la casa, en el mercado de San Juan de Dios hay bastantes. Aprovechar que viene la Feria Internacional del Libro y comprar libros que aquí no se consiguen, porque aquí hay pocas librerías. Volver a tramitar un certificado, ver lo del título de la maestría. Intentar citarme con gente que hace bastante no veía, intentar reunirme, reencontrarme.

Y al llegar aquí, no me alcanzó el tiempo para ver mis pendientes, el tiempo nunca es suficiente, y la añoranza de la gente que no se alcanzó a ver, y al final ¡qué güeva, ni descansé!

Ahora los regresos son… Ahora ya no son regresos, son descubrimientos. Cómo hay tráfico, pinche tráfico cómo ha aumentado, cómo ha crecido la ciudad, antes podía ver el cerro desde Av. Valdepeñas, pero ya tiene casas cubriéndolo por mitad, ya no está el café al que iba, esto se está poniendo muy fashion, la gente no se ve contenta, camina apresurada, está tensa. No coincido en tiempos, me cansa apresurar los encuentros, quedarme a medias. ¿A qué regreso? ¿qué hay de mí en esta enorme ciudad?

Y al llegar aquí: me he librado de la vecina gritona en casita Palma Sola, cómo pude sobrevivir al tráfico, la gente en la calle tiene malacara. ¡Qué cansado!, cada vez se hace más cansado. No voy de vacaciones, no soy un turista, no regreso a mi vida, sólo regreso a pedacitos.

Los regresos serán… No lo sé. Las vacaciones aquí las pasé. No intenté salir a ningún lugar. Me quedé a seguir conquistando este lugar, apropiándomelo. Haciéndome a la idea de que si salgo al centro o al super, probablemente me encontraré con una cara conocida, aquí no se vive el anonimato de la ciudad. Seguiré probando sus sabores para que me conquisten. Por lo pronto me encanta el jocoque de Santa Rosa, es el mejor; un arroz blanco con ensalada tampico y salsa con anguila muy, muy rico; los mariscos frente a la escuela normal, las gorditas de chicharrón, las carnitas del mercado, las guacamayas que tanto tardé en probar y… para mi sorpresa reabrió el Zilch, comida rica, tés, un buen lugar.

1 comentario:

  1. tus palabras me hicieron recordar mis regresos, esa sensación de ser extranjera en dos ciudades y acabar no siendo de ninguna parte, alguna vez leí algo que decía: "viajar es morir un poco por dentro, es abrir un espacio entre el que se queda y el que se va"...y no recuerdo ya más.
    Interezante tu blog.

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