De nuevo al aula, al lugar donde se hacen y cuecen las mejores habas, jejeje, la plataforma del diálogo con los chavos, la misma aula que adiestra a los próximos empleados, el lugar donde los chavos pasan siete horas sentados en una silla incómoda, escuchando al merolico de enfrente, lugar de sentencias: obedece, trabaja, cumple, te repruebo, te va a ir mal en la vida.
Los zombis hablaron, desde algún lugar en el que sí tienen vida, y bastante, sólo hay que acercarse, provocarlos. Lo primero que sale a relucir entre el barullo y el nerviosismo del tema, y ante las primeras palabras que vienen, y la poca escucha, es el tema de “para qué hablar si nadie escucha”. Entonces hay silencio y comienzan a escucharse y comentan que entre las razones por las cuales no se habla está la desconfianza entre ellos y hacia el maestro, pues te intimidan. Parece que se debe hablar y hablar bien, no hay que equivocarse, al hablar eres evaluado, no se aceptan las ideas tal como vienen, tal como van saliendo. Otros agregaban que algunas veces no se habla pues se está preocupado por la clase que viene, por el estado de ánimo, por pensar en problemas.
Ahí estábamos, yo muy emocionada junto con ellos, preguntando, preguntando, escuchando, tomando nota, y después de un rato me pareció prudente preguntar si para ellos era importante este asunto del “no participar” o era un problema. Otra vez el silencio, la pausa, ahora para pensar, no para evadir. De nuevo comienzan las opiniones: si no se participa te bajan puntos en la calificación, te aburres en clase y se hace más pesada. Un alumno que se esfuerza por hacerse presente afirma “a mí me preocupa que se me vaya a hacer costumbre y me afecte cuando esté en la universidad”. Nos quedamos un momento sobre esa idea, y surgen otras: “la fuerza de la costumbre”, “la desesperanza aprendida”, “la psicología del mexicano”.
Me detengo y pensé si sabrán ellos por qué me preocupa, por qué paro la clase y los contenidos del programa para hablar de este tema. Mis alumnos dicen que me preocupa porque si reprueban la directora me va a regañar, porque los quiero, porque me preocupa su futuro, porque puedo pensar que es contra mí y puedo pensar que no hago bien las cosas. Se cansan y dicen “díganos usted”. Y escribo la frase con letras grandes “DIGANOS USTED”.
Entonces contesto, Me preocupa y me duele justamente esa frase: el díganos usted.



Seeeeesooooooossssssssss.....
ResponderEliminarSeeeeesooooooossssssssss.....
De qué quiere su taco srta.???
De sesos???
Emplearemos la siempre confiable mente de los zombies-estudiantes...
Esperemos que al primer cuchillazo para extraerles un poco de cerebelo tengan a bien reaccionar!!!
Podrán acaso, saltar de sus banquitas???
Podrán acaso, lamentar la pérdida de su desperdiciado y brillante intelecto???
Quizás estos jovenzuelos, sumidos en el letargo de lo mediático, abstraídos en el sueño de la inmediatez, puedan tener su amanecer...
Quizás estos adolescentes adoloridos por su asombrosa parálisis, puedan tener su despertar...
Tal vez, si nosotros también somos
capaces de amanecer y despertar al otro, diciendo con el sr. Bajtín: YO TAMBIÉN SOY... ZOMBIE!!!!!