6.16.2008

La felicidad


- Y si ya soy feliz y no me he dado cuenta?

Savater diría que el problema de la felicidad-infelicidad se presenta justo cuando aparece como idea, como derecho, como finalidad, como si no se tuviera. La felicidad como cualquier palabra carece de significado en sí mismo, es sólo una serie de letras, arbitrarias, que suenan y forman: f-e-l-i-c-i-d-a-d. A la felicidad se le se le atribuyen conceptos e ideas, se explota y se atascan en su interior juegos y trampas. Así que ser feliz va desde tomar agua pura viendo un paisaje natural, ser delgado y hacer yoga junto al instructor de la tele que se quita la playera, ponerte un desodorante y atraer la vista de los demás, vestirte a la moda, comparte un auto caro, ganar más, tener más… siempre más. También se enmarca la palabra en un cuadro monumental, a ver si la alcanzas, a ver si la conquistas, a ver si un día de estos ganas algo y te vas a festejar entre gritos, sonidos de claxon, borrachera y mariachi. El monumento a la felicidad será únicamente levantado en momentos cruciales, la felicidad no es fácilmente alcanzable, está lejos, en algún lugar, en algún proyecto, en algo lejos, lejos, en el futuro, en lo que se imagina que está por venir. Sin embargo, la felicidad estaría más en la conquista de cotidiano. Palparla en los objetos de diario, en la rutina, en la gente que ves, los retos del día, donde vives, lo que comes, sueñas, bebes, amas...

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