
antes de hablar sus pensamientos.
Aníbal Ponce
Cuando era chavo, mi papá estudió por correo radio-electrónica o algo parecido. Se iba junto con un amigo a caminar por las vías del tren y se ponían debajo de algún puente a estudiar las lecciones. Él diseñó un radio hermoso que estuvo en casa de mi tía abuela, antes de que lo empeñaran sin avisarnos. Recuerdo la fascinación que me produjo cuando era niña al ver algo tan maravilloso: tenía una mica transparente, podían verse los bulbos, tenía una madera impecable y sonaba, sonaba, sonaba.
De niña, mi mamá guardaba celosamente un radio pequeño con el que dormía, en el que podía escuchar sus canciones, las radio novelas, un radio con el que ella podía soñar. Mi mamá adora la música. Ella tiene ahora un radio de onda corta en el que si no hay mucha interferencia puedes captar estaciones de todo el mundo, con ese radio yo escuché por primera vez: Radio Nederland y Radio Francia Internacional. Hay un recuerdo hermoso de mi madre en que la llevan a conocer a su abuela materna, Fernanda, y ahí está en la sala un radio grande, como personaje principal, luciéndose, dando la bienvenida. Otro muy simpático, en el que mamá le aflojaba algún cable al radio y hacerlo pasar por descompuesto porque su hermano quería quitárselo para escuchar un juego de béisbol.
Y bueno hay bastantes recuerdos musicales. Las visitas a casa de mi amiga Pirroti sacando su estéreo portátil de color rosa. Los domingos en casa de mi tía, la consola donde poníamos música, las presentaciones de baile y disfraz orquestadas por mi hermana. Mi hermano mayor sentado en el restirador haciendo que toca la batería mientras escucha Vangelis, Pink Floyd, The Police. Mi hermana tocando unas notas (siempre el mismo tu-tu tu tu-tu-tuuuu) de la zampoña y con esa grabadora gris que tocó interminablemente a Silvio Rodríguez y Eugenia León. Mi otro hermano, que resultaba en momentos odioso, por el estruendo que causaba con Depeche Mode, The Cure, U2. La colección de acetatos y cassettes de mis papás interminable: solistas, bandas, tríos, sones, canciones de películas, mambo, cumbias, chachachá, baladas, rancheras… Están también los recuerdos de aquellas tardes en las que mis papás ponían música y todos a bailar durante horas hasta que cerrábamos con la canción de Zorba el griego.
Mi primer estéreo aún lo conservo, me lo regalaron al cumplir 15 años: doble cassette reproductor de acetato para 33 y 45 revoluciones, fm stereo, am, dos bocinas con salida RCA, salida para audífonos, y una entrada auxiliar que después sirvió para conectar un iPod. Toda una tecnología para su época. Mi primer estéreo tan apreciado que fue alguna vez perdido y recuperado. Mi segundo estéreo: reproductor para 5 Cd´s, doble cassette, enormes bocinas, radio, ecualizador, y muchas funciones desconocidas. Compañero entrañable de grandes batallas y cambios. Un estéreo muy grande que después no armonizaría con el pequeño y cálido espacio de lo que sería la casita en callejón Gallo Muerto, así que ya no está conmigo. Después una grabadora y un minicomponente que funcionan engañosamente, cuando quieren y a su ritmo, así que los voy a cambiar. Ya le eché el ojo a un minicomponente de buen sonido y aguantador. Ahhhh! ya lo quiero aquí conmigo, y ambiente la vista hermosa que me acompaña desde aquí.
Por aquellos recuerdos musicales, Mike Laure:
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