2.20.2012

Adiós Kodak

La fábrica de Kodak en Guadalajara le dió trabajo a mi padre cuando había cumplido 40 años y el miedo de un empleo inestable le comenzaba a preocupar. Antes de Kodak, él dedicó su empeño a las ventas, pero llegó un punto en que quiso dar un giro y tener un sueldo constante. Mi papá me contó cómo ingresó a kodak. Él esperaba entrar a trabajar en el área de eléctronica o algo así, ya que había estudiado un curso de electrónica para radio y tv, él apostaba que su carta fuerte fuera esa área, sin embargo al momento de la entrevista le mostraron un diagrama de flujo del proceso de un área y después le pidieron que explicara de memoria lo que había entendido, mi papá resultó un buen memorioso y desarrolló con detalle todo el proceso, lo cual lo llevó a ganarse el puesto de supervisor de calidad. Admiro a mi padre por este puesto, ya que él apenas pudo terminar la primaria, y puestos como esos generalmente se los dan a los ingenieros. De ahí mi padre ya no se movió, y tuvo muchas problemas con ingenieros de otras áereas que le envdiaban el puesto, tampoco pudo crecer porque ya no tenía más estudios, pero de cualquier manera mi papá se mantuvo orgulloso de poder tener por primera vez en su vida un sueldo fijo, prestaciones y seguro social para la familia.

Le tengo afecto a Kodak. De niña, me tocó ir varias veces a la fábrica a un área recreativa dedicada a las familias, donde había juegos y jardínes grandes. Recuerdo pasear y toparme con una regadera programada y bañarme por travesura con mis primos. Yo me sentía importante de entrar a un lugar donde no cualquiera tenía acceso, ya que en la fábrica te pedían un gafette especial que mi papá sí tenía. Me parecía maravilloso que hubiera un comedor para los empleados. Mi papá tenía una tarjeta de dinero, me recordaba a los boletos de las ferias, donde le perforaban y descontaban el dinero que se iba gastando.

De adolescente regresé, ya no a jugar, sino a investigar una tarea de mi taller de informática. Mi mejor amiga de la secundaria y yo fuimos a la fábrica, mi papá nos pidió un pase y en un área grande, limpia y formal nos atendieron. Nuestra tarea era investigar sobre el programa Lotus 123, un señor muy amable nos atendió en su oficina exclusivamente a nosotras, yo me sentí importante, y nos dieron bastantes hojas impresas a computadora sobre el tema por el que preguntábamos.

 Mi casa estaba inmersa en la cultura de la fábrica. El papel amarillo-naranja de los empaques de las películas cuando ya no servían o tenían un defecto lo regalaban por montones. Así que muchos dibujos de infancia los hice en ese papel, y me diseñé libretas y mil cosas. Las latas de las películas que ya no servían se usaban en la casa para guardar cahcivaches, así como los botecitos pequeños de los rollos. En la fábrica hubo un día en que remataron mobiliario de las oficinas y mi papá adquirió un mueble grande de madera, un escritorio y un baúl. Los tres muebles aún existen, los dos primeros en casa de mis padres y el último, con mi hermana.

Hubo un día especial en que hicieron un Open house. La fábrica paró su producción para permitir que los trabajadores llevaran a sus familias para conocer la fábrica por dentro. El acceso estaba límitado a un número reducido de invitados, y no sé porque, pero yo no pude ir. Mi mamá me platicó al regreso lo que vió. Estaba maravillada por el área oscura, donde se manejaban largos pliegos de película. El día que fueron prendieron las luces de esa área, pero les explicaron cómo los trabajadores se las tenían que ingeniar para trabajar sólo con la iluminación de unas tenues luces rojas como en los cuartos oscuros de revelado. Mi tía trabajó en esa área oscura, por más de veinte años, y sólo en una ocasión tuvo un accidente con la cortadora de película que casi le rebana porcompleto la mano.

Kodak le dió trabajo a mi papá, a dos tías, y una de ellas conoció a su galán con el que se casó. Mi papá también obtuvo buenas cosas. Ahí descubrió su habilidad y gusto por la fotografía. Concursos de aficionados promovidos por la fábrica fueron ganados por mi papa. Esos reconocimeintos lo impulsaron y comenzó a pensar en la fotografía como una opción al jubilarse. Sus fotos fueron exhibidas en los Salones Internacionales de Fotografía de Kodak, ganó medallas y reconocimientos, además de tener confianza en que después de jubilado tendría un ingreso y una actividad a la cual dedicar su empeño. Los últimos 20 años, después de jubilarse han llevado a mi papá a trabajar por primera vez en algo que realmente le llena, siempre trabajo por la necesidad y lo de menos era el disfrute. Kodak le regaló el oficio que ahora tiene, y que le da unos pesos más que la pinchurriente jubilación. Si algo mantiene vivo a mi papá es la fotografía.


A mitad de enero escuché la noticia que Kodak se declaraba en banca rota.Un pedacito mío se estrujó. Ya no más rollos de película, ya no más olor a revelador. Adiós Kodak y gracias.

Heme aquí, jugando con un rollo de película

6 comentarios:

  1. Esta historia es una florecita que resiste, en medio de la inmundicia que nos avasalla actualmente.
    Y aunque sabemos que todo en la vida tiene un final, me reconforto el ánimo leer un pedacito de la historia de algunas buenas personas.
    Cuídate, luego nos leemos.

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  2. La Kodak que tengo es la cuarta ya.
    Esta la guardaré aunque compre otra o deje de funcionar.

    He capturado grandes momentos que conservo de recuerdo gracias a ellos...

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  3. Me ha encantado esta entrada por los sentimientos compartidos que narras con habilidad. La foto genial. Kodak siempre será uno de esos recuerdos indelebles en nuestra memoria y en muchos de nuestros antiguos y rancios álbumes de fotos. Bs.

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  4. Qué bonita historia y qué bonita niña.


    :)

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  5. Es una hermosa historia y una hermosa foto.
    Me gustó mucho leerlo.

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