No me vengo a quejar de esta ciudad porque bien ha valido vivir por acá. No quiero decir que no me gusta, que ya me cansó. No no he venido a eso, sino a decir lo bueno de aquella, mi otra ciudad, la que también me dió cosas buenas. Aquella mi otra ciudad, en la mescolanza de su gris color, los autos y el asfalto, tenía, para mí unos cuantos buenos regalos. Allá, algunos días me levantaba temprano para ir al mercado de las flores. Los camiones repletos de colores y aromas impregnaban la calle frente al panteón de Mezquitán. Por entonces, daba vueltas a pie, para oler cada puesto, para disfrutar las texturas y descubrir nuevas flores. En mi casa de allá, era frecuente que tuviera flores, eran baratas, eras nuevas y duraban mucho. Era una mis rutinas que hacía yo sola, yo con mis pensamientos, yo con mis ritmos. También allá, algunas mañanas muy temprano, iba al mercado, y compraba mi fruta y verdura en el puesto del Sr. Goyo que se lanzó para Diputado. Me desayunaba unos tacos de barbacoa en tortilla recién hecha, las Chantitas ahí mismo las torteaban y las lanzaban al comal. En mi ciudad aquella, me iba después de mi clase de clarinete a tomar un café capuccino y comerme un pan garibaldi de chocolate. Me sentaba al lado del teatro Degollado y me gustaba sentirme como turista. Extraño esas mis rutinas yo sola, pero también algunas acompañada. Me gustaba desayunar con alguna amiga, en el bufette de un café en Av. Vallarta y mirar que la calle estaba cerrada para los autos y ahora se inundaba de bicicletas, patines y triciclos. Extraño, por extraño que parezca, que lloviera cada vez que me citaba con mi amiga L. Extraño esa libertad de andar sola, de andar acompañada, de ser anónima, de no ser saludada. Extraño esas charlas interminables sobre la vida, sobre la nada, extraño recostarme en el sillón de casa de mis pás, de que me manden a la tienda por una coca.
Extraño que me sabía de esa ciudad, extraño que ahí era mi casa y mi cuna, extraño esa certeza de sentir "de aquí yo soy".
Leyendo esto he podido ver y sentir esa ciudad de la que hablas, sin siquiera saber su nombre. Lo cotidiano tiene un gustito especial, una sensación de pequeñez, de que es algo único q no se repite, como el olor de las flores. Gracias por compartir :)
ResponderEliminarsaludos
Lauri.
Me hiciste extrañar todo eso, sin haberlo vivido.
ResponderEliminarSi alguna vez pudiera estar en un lugar como el que describes, inmediatamente sentiría que soy de ahí, en un lugar así no detestaría la lluvia, disfrutaria plenamente el café y apreciaría de otra manera los olores, colores y sabores, caminaría por horas, me dedicaría a contemplar, nada más.
Cuídate, luego nos leemos.
Hola I.:
ResponderEliminarEl tuyo es el perfecto relato de esas sensaciones que uno tiene cuando se va de su ciudad: extrañás un lugar, más tanto que la geografía, las circunstancias hacen la diferencia.
Gracias.
Te debes ahora apostar a descubrir olores, sabores y personajes nuevos, que seguramente hay.
Que la nostalguia no te devore. Que no te haga triste.
Me sentí muy identificado con tus palabras.
Saludos.
Daniel.
Yo entiendo perfectamente eso que sientes, te lo juro....
ResponderEliminarlauri,
ResponderEliminarhace mucho que no me atrevía a oler a mi ciudad por miedo de atraparme en la nostalgia, pero ahora puedo ir y venir sin problema
:)
Pherro,
ResponderEliminarAhora hablo bien de mi ciudad, y me reconcilio, pero mira que bien pordría escribir las quejas, pero esa no es la intención de este blog. las quejas se quedan fuera, aquí es un lugar del buen recordar.
Saludos
Crónicas,
ResponderEliminarAfortunadamente nunca me entristece la nostalgia, al contrario me hace querer mi historia en esa ciudad. Novedades en esa ciudad he descubierto algunas que a la distancia sólo contemplo sin disfrutar.
:) Gracias D.
Se extraña el aroma de la sencillez, de la vida sin complicaciones. Se extraña el gusto por el sólo ser.
ResponderEliminarUn abrazo.
Chapis se extraña lo que no se tiene. Y cuando lo tienes te quedas jartá.
ResponderEliminarTotal que así vamos.
A mi me pasa lo contrario entre tanto cambio, mudanza y demás no me da tiempo a añorar. ejejej a ver cuando me dura mi pose de super woman ejjeje
besos