Sin las nubes los atardeceres sólo serían una plasta luminosa. No se filtrarían los rayos del sol y no podríamos ver esas cascadas de luz como si fueran agua sobre los cerros. Sin las nubes no vendría la lluvia, no podría viajar el agua de continente a continente. Los viajes en avión serían aburridos, nos molestaría la luz y el azul cielo plano. Las montañas no lucirían su grandeza ni esconderían sus secretos. Los paisajes selváticos perdería su enigma sin la neblina baja. Los niños dejarían de preguntarse cómo llegó al cielo el oso de algodón, la princesa, el circo... ni los metereólogos tendrían pretexto para justificar por qué se equivocaron en sus predicciones. Las nubes son las reinas del cielo. Si ellas quieren tapan un esperado eclipse, una luna llena, el sol tan majestuoso. Tan hermosas son las nubes que ahí decidieron vivir los ángeles y Dios, dicen. A mi se me antoja dormir en la nube, comerme el cachito de una, polvearme el rostro con su blancura y en algún momento convertirme en agua y volver al cielo como vapor.
Moving clouds... from Gert-Jan Bosch on Vimeo.
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