Los chavos del albergue me han enseñado el profundo significado de la palabra: MARGINACION. La policía llega y los amaga porque visten como pobres, los golpea hasta que se cansan, y ellos terminan llenos de sangre y llenos de odio. Los vecinos dicen que ellos son culpables de travesuras y broncas en la colonia. Los adultos les dicen que como ya se drogaron ya se chingaron el cerebro y no podrán estudiar más. Estos chavos piensan que ya no tienen opción: jodidos sin dinero, sin neuronas, sin apoyo, sin nadie que crea en ellos. Argentina tiene un “sistema de sostén” para chavos, con un apoyo económico, psicológico, escolar y de trabajo. México tiene un “sistema intrusivo” para asustar, dañar, generar más violencia, aumentar los secuestros, generar odio en la población e incertidumbre en los chavos que dudan si dedicarse a lo legal o a lo ilegal.
Yo esperaría una política a favor de los jóvenes, así de intrusiva como contra la delincuencia, donde se amaguen a los maestros y adultos que les joden la vida a los jóvenes, donde se cuestione a la escuela su papel, donde se puedan crear más espacios para ellos. Por ejemplo, Guanajuato tiene sólo tres preparatorias, con ingreso anual, y además ya estando dentro los marginan si no aprueban, no les dan herramientas para crecer, sólo reciben la instrucción “está muy duro, a ver si puedes, ya la jodiste para siempre”.
Hacen falta programas reales, no programas fantasmas que sólo se proponen: coadyuvar, sensibilizar, apoyar… y jamás dicen cómo.
Como diría Daniel Penac en su artículo "El torpe":
"Los padres, la televisión, los libros pueden ser idiotas, pero los chavales no lo son"

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