Junta de profes.
La directora me pidió dar una charla para motivar a los maestros en el inicio del ciclo escolar. Mi intervención sería la última antes de reunirnos por áreas y acordar criterios de evaluación. Empezamos con un aliento ligero y agradable, con ganas de hacer equipo y estar unidos. Casi de manera imperceptible, la junta se fue moviendo a las consabidas molestias sobre los chavos, y más y más me hundía en la silla esperando que no siguieran peor las cosas pues la desesperanza les estaba ganando a pesar de que aún no comenzaba el ciclo y yo debería dar una charla de motivación cuando los mismos profes ya la habían pisoteado. Cuando me piden hablar a un público, lo primero que pienso es cómo hacer para hablar de manera diferente con quienes me encontraré, cómo hacerle para yo hablar poco, pero sustancioso, y cómo hacer que ellos mismos hablen de lo que les puede servir y no de ponerme como “la experta” pero sin perder el lugar que me corresponde. ¡Ay, en qué enredos me meto!
Tomando como metáfora las vacaciones y los lugares a los que elegimos viajar y a los que no, les comenté que nosotros elegimos el lugar en el que nos gusta estar. Elegimos en relación a lo que nos cuentan, a la experiencia de otros, nuestra propia experiencia, nuestro deseo. Así, los viajes se hacen placenteros o no. Sólo dos frases para ellos, con autor y todo porque les gusta tener sustento teórico de experto: Al cambiar de discurso se cambia de perspectiva (Lax), Las cosas en sí, no nos afectan sino las ideas que tenemos acerca de ellas (Watzlawick). Les pedí que ellos mismos fueran dando una lista de ideas acompañantes que abren y no que cierran nuestro estar con los alumnos. Se dijeron cosas maravillosas e interesantes. Hubo quienes con dificultad regresaron a la queja, defendiéndose: “Yo no soy prejuicioso” y ahí me auxilió Gadamer, nunca entramos a una experiencias sin previos, si prejuicios, al contrario gracias a ellos podemos entrar y conducirnos en las nuevas experiencias lo interesante en permitir que esto abra nuestro horizonte y responsabilizarnos de nuestras descripciones.
“La plática de motivación” retomó su cauce, y cerré con un artículo de Germán Dehesa -que hace tiempo no me cautivaba tanto- llamado La letra con risa entra, (en: Cuestión de amor. Editorial Diana) Habla de la labor del maestro, de cómo se pone el maestro como material de monumento y se aleja de su finalidad. Les dejo una frase, que será mi idea acompañante en este semestre para estar con los chavos:
“Sé que un maestro imparte, aparentemente, muchas y muy variadas materias. Sin embargo todas se engloban -o deberían englobarse-, en un solo rubro: lecciones de felicidad. Si un aprendizaje, cualquier aprendizaje, no nos ayuda a ser felices, no vale la pena ser adquirido.”
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