6.08.2008

Sueño del fin del mundo

Tomaba vacaciones. Visitaba un lugar elevado sobre las montañas. Me hospedaba en una casa-hotel como la “Casa de los espíritus alegres” que existe por acá. La casa tenía un comedor común para los huéspedes, recámaras con nombres y decorados especiales, un jardín diseñado especialmente para hacer más acogedor el espacio. Los huéspedes del lugar pertenecían a diferentes nacionalidades. Iban de visita por inquietudes e intereses distintos. Había quienes practicaban yoga, otros platicaban de sus inventos y otros estaban absortos en su lectura.

Me acercaba al patio principal, buscaba tomar una bebida y comer un tentempié. Un señor delgado, de piel blanca y arrugada me abordaba: Usted ¿ya ha viajado lejos?. Yo respondía: sí, ya viajé a la ciudad del fin del mundo, estuve en Ushuaia. El huésped insistía: ¿Y no estuvo en Cabo de Hornos? A lo que respondí: No, por ahí no pasé.

Me quedé pensando que "el físico" ya me había dicho que hubiera sido interesante haber viajado por allá. Haber conocido y observado el horizonte desde el último faro, en lo más lejano del fin del mundo.



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