
Salón de clases. Los alumnos recién regresan de vacaciones, al igual que yo. Un grupo me resulta desconcertante. Lanzo una pregunta, y nadie responde, es una pregunta de opinión no de contenido. Lanzo otra, y silencio. Me mofo en lugar de desesperarme y digo, ¿qué no hay nadie aquí? Un alumno, -que destaca por sus atinados comentarios, nada barberos, ni benevolentes- comenta: es que aquí hay zombis. Paso por alto el comentario, pienso que escuché mal, pero me deja pensativa. Segundo día de clases, otra vez lanzo preguntas, y de nuevo viene el silencio, no hay respuestas ni opiniones. Volteo con mi alumno y le digo: realmente aquí hay zombis. Y el dice: sí, no hablan cuando está el maestro, les preguntan y no dicen nada, no reaccionan, se quedan como zombis. En su discurso acusa al compañero de al lado de que también es zombi, éste intenta defenderse, pero le llegan las críticas: es que tú nada más haces las cosas por hacerlas. Intervengo y le digo a mi alumno, ya vez porque te puse puntos extras en tus trabajos, no hiciste un trabajo-zombi. El compañero acusado de zombi, dice: es que yo lo hice porque… y le pregunto: ¿por qué? No sabe qué responder, y sólo agrega: lo hice con mucha ciencia. Mi alumno no-zombi y yo decimos al mismo tiempo: también hay que hacerlo con el corazón. Sigo sorprendida, y con el sarcasmo agrego, ¿van a aceptar que son zombis?, pero sólo escuchan un ratito, me ven por fracciones de segundos y regresan la mirada a la paleta de la butaca o con un amigo. No dicen nada. Les digo: felicidades serán los mejores obreros del mundo, empleados sumisos, obedezco por obedecer, no opino, no me expreso, no me quejo. Mi alumno no-zombi integra a un alumno a la discusión: ya somos tres divirtiéndonos con el tema de los alumnos zombis. Pero son zombis de Michael Jackson, porque bailar sí saben, dice uno de ellos. Regreso al grupo y pregunto: ¿por qué no opinan? Una alumna queriendo regresar al mundo de los vivos dice: es que venimos cansados. ¡Vaya! Es una respuesta, es su voz. Les digo lo preocupante del tema, les digo que les dejaré una tarea; la alumna que recién opinaba se apresura y dice: investigar un concepto ¿de qué? Pienso, bueno vamos de regreso, no, un concepto no, les dejaré que traigan una reflexión de esto que discutimos hoy, si uds. son zombis, porqué no opinan, que/quién los frena, todo lo que se les ocurra al respecto. Termina la clase con el grupo zombi. Me dejan pensando bastante. Yo también les escribiré a ellos, compartiré mis miedos, preocupaciones, molestias. Sobre todo, me quedo pensando ¿porqué se han convertido en zombis? ¿es el sistema escolar? ¿el adiestramiento de tantos años? ¿cómo regresar a estos zombis a la vida? Tendré que preguntarle a mi amiga filósofa que es experta en el tema de los zombis, me oriente qué hacer al respecto, pues realmente me duele, pero más me dolería ver que no hice nada, me dolería encontrarlos entumidos en una butaca o en la pista de algún antro bailando como zombi de M. Jackson.


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