De momentos soy una observadora. Salgo del cuadro de la conversación. Escucho a lo lejos y veo los labios que se mueven. Me presiono para articular ideas que estén al nivel de los otros. Hay una presión por querer encajar por ser parte de algo. Hay una serie de preguntas regulares, por qué no hablo, no sé qué decir. Soy la ausente y me lastima. Te siento ausente. No me gusta esa categoría.
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