No quiero discutir el amplio expediente médico de Maravilla con cualquier simple mortal. No explicar mil o dos mil horas de terapia. No. Cualquier mortal no merece una explicación aunque sean buenas sus intenciones, son buenas, pero imprudentes. Alguien guarda la prudencia, soy yo, pero qué jodido y cansado, más chamba al costal. Ojalá venir acá a escribir sea un exorcismo y el fantasma de los imprudentes aquí desaparezca.
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