Mis primeras clases de ballet clásico las tomé en el espacio recreativo y cultural del Seguro Social. Mi mamá tomaba clases de cocina, mientras yo estaba metida en el salón de ballet. Mi primer maestro lo recuerdo como un señor grande, aunque ahora creo debió tener cuarenta años y ser joven -cómo cambian las percepciones de la edad-. Mi maestro era robusto, de una complexión muy cuadrada, y duro, duro, no sólo en los músculos, sino también en la actitud. Pero la clase, aún en la dureza, era bella, y ahora la aprecio más. El salón tenía la duela clásica, las barras, los espejos, y una hilera de chiquillas disciplinadas; sin embargo el invitado principal a la clase era un piano vertical. El maestro se ponía frente a él, nos daba la espada, y quizá desde el espejo seguía nuestros movimientos. Cada clase nuestro acompañamiento musical era con piano. Recuerdo la pieza a la perfección, y las notas suenas una a una mientras recorro los movimientos de la lección. Ahora pienso qué gracia del maestro, tocar el piano y enseñar ballet al mismo tiempo. Ese entones pensaba que todas las clases de ballet eran iguales, y que los maestros bailarines tocaban el piano.
Mi físico decía que no me preocupara que el fuego le hace bien a la tierra.
Escribo, sueño, aprecio el arte.
Leolo decía: "porque sueño no lo estoy"
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De niña no me gustaba la danza contemporánea, no la entendía y me aburría. Y ahora me sucede lo contrario, aunque aprecio la danza clásica, me gustan formas distintas de usar el cuerpo. La danza que más me sorprende es la danza butho. Los japoneses después de las explosiones de las bombas atómicas quedaron dolidos, y los artistas del cuerpo decidieron transformar ese asombro y dolor en Danza. La danza butho, danza de la sombra. Por lo general, los bailarines se pintan de blanco, y muestran el cuerpo como si fueran los fantasmas muertos tras la explosión y bailan para exorcizar dolores y alabar la vida.****
Sólo una vez he llorado al ver danza, y ha sido con el espectáculo de danza butho de la compañía japonesa Sankai Juku. La danza parece sencilla, sin embargo se requiere mucha fuerza, concentración, pero sobre todo interpretación. Cuando estás ahí, como espectador, en medio del espectáculo, estás tan adentro que te van jalando a emociones palpables entre dolor y gozo. ***
Los japoneses son resilentes. Han sido capaces de transformar su dolor y superar las adversidades, de ahí nació la danza butho.***
Soñé que daban vuelta en círculo unas bolas de fuego, y hacían un ruido estridente. Me tapaba los oídos y mi Físico me decía que no me preocupara, que todo estaba bien. Las bolas de fuego comenzaron a caer y golpear la tierra, cayeron en cadena una tras otra.Mi físico decía que no me preocupara que el fuego le hace bien a la tierra.
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Yo también soy y he sido resilente. Escribo, sueño, aprecio el arte.
Leolo decía: "porque sueño no lo estoy"
Parce que moi je rêve, je ne le suis pas
ResponderEliminarPorque sueño, no lo estoy.
Porque sueño, no soy.
Menos mal, si tenés esa capacidad.
ResponderEliminarY encima las palabras te salen calmas, y así me parece que son los temas que tocás.
No conocía ese tipo de Teatro Japonés. Gracias y saludos.
Los momentos difíciles no son tan "malos" después de todo. Si aprendemos a descifrar lo que nos muestran de nosotros mismos y de los demás, en definitiva nos fortalecen.
ResponderEliminarNo había visto nunca ese tipo de danza. Comprendo por qué te emociona.
Besos
Es confortante y desolador al mismo tiempo saber que tenemos esa capacidad de sobrevivir a los naufragios, aunque no lo hagamos ilesos.
ResponderEliminarYo no creo que lo mio sea resiliencia, si lo fuera entenderia la belleza que engendra del dolor y no la entiendo, tal vez por eso no conocia la Danza Butho.
Envidio a la gente que tiene la capacidad de encontrar la belleza en el dolor, de crear con este algo, de reconstruir con los fragmentos que de nuestra alma deja, su vida. Yo no puedo, yo solo se sacudirme el polvo y continuar.
Te envidio.