3.19.2010

Confesiones de niña

1. Travesura.
En un invierno, tomé del árbol de navidad algunas esferas, y mientras estaba sola, fui al patio y, una a una, las azoté frente a la pared; resultó el mejor espectáculo, el crujido me encantó y los pedazos brillantes iluminaron mi deseo como fuegos artificiales.
Nunca encontraron mi culpabilidad.

2. Tacto.
Algunas veces durante la noche, me quedaba dormida en la sala de la casa viendo la televisón, y mi papá me cargaba para llevarme a mi cama, en el transcurso yo me sentía arrullada y protegida. Algunas veces fingí dormir.

3. Juego
Mi hermano y yo íbamos juntos al catecismo a la preparación de la primera comunión. Recuerdo que algunas veces nos la pinteábamos e íbamos a las mesas de futbolito. En ese momento éramos buen equipo, ganábamos en todas las retas, yo era buena goleadora. Nos perdimos algunas lecciones esclesiásticas, y no en vano, nunca me aprendí el credo.

4. Protesta.
Mi primer plantón sucedió en mi casa. A mi cama, se le habían roto las tablas de madera que sostenían el colchón, éste se doblaba y parecía un hot dog. Mi hermana me ayudó. Sacamos la cama del cuarto, la pusimos en el comedor, hicimos carteles: “No más, no quiero dormir en un hot dog”. No hubo necesidad de huelga de hambre, ni paro, mi demanda fue considerada y en un lapso breve, cumplida.

5.  Persecución.
En el kinder había un niño llamado Edmundo al cual llamábamos “El mundo”, no entendíamos el nombre o no pronunciábamos bien. Parece que a este niño yo le gustaba y se me quería declarar. En un recreo, estuvo corriendo detrás de mí y, yo asustada, no quería me alcanzara. Cuando pienso en este recuerdo digo que, esta fue la primera vez que sentí que “El mundo” se me venía encima.

6.  Aburrimiento.
Mis vecinitas me visitaban para jugar, en mi casa no había limitaciones, podíamos jugar sin gritos de una mamá histérica, “no vayas a….”, “más te vale que…”.  Mis amigas eran felices en mi casa, y yo: una niñita de vanguardia que, cuando sus amigas jugaban al salón de belleza, me aburría.

7.  Creatividad.
El juguete que más disfruté fue un maletín verde lleno de pinturas, crayolas, gises, platillas, hojas. De niña dibujé y dibujé, pinté y pinté. Yo era feliz. Dibujé mucho más que lo que escribí, pero nunca alabaron mis dotes. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de elogiar mi escritura hubieran reconocido mi interés plástico?

6 comentarios:

  1. Siempre se qudea por ahí un poco del talento ese que creiams perdido. Un dia habías de probar dibujar algo y ponerlo aqui. Nosotros nunca te hemos dicho que dibujas bien porque nunca hemos visto un dibujo tuyo. Muestranos!

    (que lindas confesiones! un dia te dejare romper todas las esferas de nuestro arbolito, prometido)

    (Por cierto, El Ejército Anti-Hotdogista de Liberación Nacional -EAHLN- te nombra su comandanta suprema. Salve, Oh lideresa!) XD

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  2. Todavia,
    tristemente dejé de dibujar, no he tenido el valor para retomarlo, aunque a veces se me antoja probar clases de pintura o escultura.
    Lo que sí puse como muestra es una foto mia, jugando creativamente con los recortes de revista :)

    Viva el EAHLN!!

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  3. This is a fun read!
    I love #3.
    You were one sassy girl, love it!

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  4. trying,
    keep the secret, nobody noticed it :)

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  5. Hola!
    Genial idea de escribir tus travesuras. Hay veces que hay que acordarse de cuando se era de niño.

    Lo del plantón, me hizo reir bastante, normalmente los niños gritan por lo que quieran, pero eso de hacer un plantón, jaja, que inteligente y adelantada a tu época!

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  6. Hola Liv,
    Me divertí bastante al escribirlo, deberías intentarlo.
    El plantón fue idea de mi hermana mayor, jejejej

    saludos

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