
En mi casa me habían dicho que aprendí a escribir mientras estaba en el kinder, pero nunca supe cómo lo hice, hasta recientemente. Mi hermana dice que frente a una máquina de escribir me sentaba y preguntaba el sonido de las letras y pedía me dijeran cuál tecla era para escribir. No sé qué escribiría, no se guardaron esos escritos, pero escribía. Lo que recuerdo con bastante fuerza es mi entrada a la primaria, las ganas de leer, pero muy decepcionante fue para mí, cuando "Mi libro mágico" sólo tenía lecturas como "Mi mamá me mima" "Susi asea su oso", yo pensaba y qué más, cuál es la historia qué sigue. Quizá comencé a escribir porque los cuentos que quería leer no existían.
Después las palabras y los escritos me ayudaron a hacer sentir bien a los que quería, les daba cartas y poemas a mis papás y a mi hermana. Así supe que las palabras reconfortan y en muchos momentos posteriores a mi vida escribí a otros para darles palabras de aliento, para decirles que no están solos, para avivar las alegrías.
Luego no sé cómo se metió a mi cabeza de niña, que sería una poetiza, la palabra me sonaba importante, trascendente, aunque a su vez nostálgica y cargada de meancolía. Por ahí está un poema que escribí de niña que contenía la frase "la sangre en la arena". Luego en la secundaria la escritura me fue de gran catarsis, escribía casi a diario, un espistolario como vehículo para sanar el dolor ajeno (¿?) y mucho poemas y algunos cuentos. Yo esperaba que mis clases de español, me ayudaran en esta vocación y anhelo compulsivo de escribir, pero no fue así. Para entonces, yo decía que estudiaría "Filosofía y letras" o "Psicología". En el fondo mi escritura estaba dirigida a sanar. Cuando entré a la peparatoria nuevamente esperaba que mis clases me impulsaran y ayudaran, pero por mi cuenta comencé a ir a talleres literarios. Ahí estaba rodeada de adultos, de extrañas personalidades, de gays, de snobs y gente que se quiere poner en dramas y riesgos para tener que escribir. Esos primeros encuentros literarios me asustaron, yo no quería pertenecer a ello, pero aprendí bastante al respecto de la escritura. Luego en la preparatoria tuve mis clases de filosofía y literatura, no me emocionaron como esperaba, no me imaginaba estudiar sobre esos temas todo el tiempo, fui a la facultad de filosofía y letras, pregunté lo que deseaba saber y no me gustó. Y en contra de todas las expectativas estudié psicología. En mi decisión me ayudó un poeta conocido, RY, cuando le expuse mi dudas, me dijo que desde la psicología se puede ser un buen escritor, se puede ser creativo y que orotga mucho más libertad. Así que sus palabras me empujaron a tomar una decisión que nadie deseaba más que yo.
La compulsión para escribir desapareció, comencé a dejar de escribir sobre mí, fui a pocos talleres literarios durante a carrera, busqué en la teoría temas cercanos a mi necesidad: la relación del pensamiento y el lenguaje, la creatividad, la metáfora y los cuentos como vehículo terapéutico, y la filosofía para niños.
Creo que desde mucho tiempo atrás elegí ser "terapeuta narrativa y colaborativa". Me recuerdo de niña reflexionando "es que las palabras son muy importantes" (en la relación con los demás, en la comunicación), también veía en ellas un vehículo de creación de la realidad, porque me preguntaba, "si la religión está hecha de cuentos" (los evangelios) "entonces que cada quién puede inventar su propia religión". Desde niña veía que el lenguaje sería un vehículo para la creación de realidades.
En mi práctica como psicóloga, la escritura ha estado presente, en escritos a mis pacientes, en cartas a mis alumnos, en reflexiones escritas tras un trabajo en grupo, en mis propias dudas, miedos y confrontaciones. Creo que mi gusto por la literatura y la filosofía, las vivo y aplico, más que estudiarlas.
Entonces ¿Por qué escribo? porque me salen las palabras, porque a veces me cura, porque así transformo mi entorno, porque así pongo la mirada en lo pequeño y lo engrandezco, porque me concozco y me quiero.
Este blog apareció en un momento en que el deseo no me cabía en el cuerpo: el deseo de vivir, de ser libre, de crecer, de vivir otra realidad, de contarme a mi misma desde otro ángulo mi historia. Y a veces quiero dejarlo, cuando me siento satisfecha, cuando creo que ya no hay nada que transformar, pero creo que siempre queda algo, para reinventarse, recrearse a uno mismo.
Muy bonito post y muy buena reflexion. Me gusta mucho leerte . He puesto un enlace en mi blog de el tuyo.
ResponderEliminarUn abrazo
Maria
Chapis un post delicioso
ResponderEliminarbikiños
alinita
Hola Implicada, me alegra volver a pasar por tu blog. Está hermoso, no sólo el diseño, sino entradas como está... tan personales y cercanas.
ResponderEliminarA mí me encantaba escribir en el bachillerato, me creía escritor de cuentos; ya no lo hago, pero cuando escribo un texto académico aún siento un enorme placer y aún me preocupa que el texto sea también un placer para quien lo lea : )