
Desde casa, tenemos una vista hermosa del cerro de los picachos, lo vemos verdear, secarse, así como cubrirse de neblina y lluvia, gozamos de sus facetas, y cada una de ellas nos muestra una cara amable. Su belleza siempre es admirada de día, sin embargo durante dos noches al año, es iluminado dentro de los festejos del día de la cueva y vemos su inmensidad nocturna. El jueves por la noche, dimos vueltas y vueltas por la ciudad para poderlo ver mejor. En el nuevo acceso y en la carretera panóramica muchos coches se detenían, las familias buscaban los mejores sitios para poderlo admirar y tomarle fotos.
Los Guanajuatenses se nombran cuevanenses, en honor a la cueva que se encuentra enmedio de los cerros y que guarda un altar de su patrono San Ignacio de Loyola. La visita a la cueva data de 1624, y desde entonces peregrinos suben a agradecer a su patrono en el día de su santo, se ofrece una misa, y durante el camino reina el folklore de la música, la comida y las leyendas de las mandas cumplidas y no cumplidas.
Son sólo dos noches al año, en que iluminan el cerro, es una espera larga, pero vale la pena.
Gracias por firmar nuestro Blog de KANANKIL, un instituto dedicado a las nuevas ideas y las nuevas relaciones desde la mirada de inclusión de la Posmodernidad. Gratamente suyos: SALVADOR LEMIS Y ROCÍO CHAVESTE.
ResponderEliminarMandamos saludos. Desde Kanankil.
ResponderEliminarRecordar congreso del TAOS: Abril, Cancún, registrarse si hay interés en participar.
Hasta pronto!!