Después de lavarme la cara como todas las mañanas me miraba al espejo y me daba cuenta que sobre mis párpados tenía unas pequeñas ronchitas. Las podía sentir diminutas y en abundancia. Me acerqué al espejo para observarlas detenidamente. Cada una de ellas era un círculo casi perfecto, abultado y rojizo, al centro tenía un punto color metálico, como si fuera la cabeza de un alfiler, y después, tres líneas dispuestas de manera que formaban una carita feliz : )
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