Recientemente, durante la vigilia, vino a mí la imagen de una alberca y tras ello pensé "que uno se suelta de la orilla para ir al otro lado de la alberca".
Apareció la tranquilidad.
Recordé mi propósito de vivir como si estuviera en vacaciones permanentes y con trabajo incluido.
La falsa añoranza desapareció.
Llegaron las ganas de construir y ver lo contruído en mi vida de acá. Ya son 2 años y cacho.
La primera mudanza de una ciudad a otra, la primera vez que no conocía a nadie, no recomendaciones laborales, los primeros apretujones por la economía, el cambio de maestría del físico, mis crisis de extrañeza y después mi crisis por la culpa de vivir una vida más tranquila y placentera. Me sentía extraña y una floja cuando acá comencé a tener tiempo, tiempo y muchas, muchas razones para el placer.
Acá estoy del otro lado de la alberca,
en la otra orilla.
Me daba miedo cruzar, olvidar, dejar de pertenecer.
Ahora soy,
reconozco
y pertenezco.

chapis a vivir que son dos días nada más.... es un ratito
ResponderEliminarbiquiños gordos como siempre
tkm
alinitaaaaaaaaaaaaaaaa
La vida son cuatro días y uno llueve.
ResponderEliminarMuy bonito.
Un abrazo