
La acción lectora libera al texto de su propio autor
La comprensión de quien no se encierra en sí mismo responde a su apertura a un mundo que sólo redescribe y rehace en la medida en que copertenece a su historia. El juego se estable entre la distancia y la copertenencia.
Si el relato tiene la capacidad de redescribir la vida, de modo quizá soportable, y de comprenderla a través de las historias que nos narramos, nuestra vida será una vida ensayada, una vida contada.
Las historias se relatan, la vida se vive, y aunque parezca que se abre un abismo entre la ficción y la vida, ésta es, como reiteradamente se señala, un tejido de historias contadas.
La cualidad prenarrativa de la experiencia humana hace que la vida pueda considerarse como una historia en estado naciente, como “una actividad y una pasión en búsqueda de relato”.
El pasado, al menos el sentido del pasado, siempre está inacabado y en proceso de interpretación. La tarea de ésta consiste en liberar las potencialidades abortadas, impedidas, de hecho e incluso asesinadas contenidas en dicho pasado.
El pasado ha de percibirse de manera activa y hay que reinterpretarlo continuamente.
Es cuestión de leer el pasado y no simplemente aceptarlo.
Es la fuerza del presente la que ofrece el hábito de la esperanza y el coraje de la interpretación del pasado transmitido.
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