He vagado un poco, anduve de visita y tránsito en otros lugares fuera de mí. Me he arriesgado en nuevos caminos, así que la aventura de salir después de haber sido fabulosa, divertida, también me dio unos giros. Este carrusel de emociones se detuvo en la parada de un lugar que no conozco. Me tiene mareada. Ahora, ¿cómo regreso? Trato de buscar las señas conocidas que cotidianamente me funcionan. Llamo a las voces, que de seguro podrían llevarme de regreso, no las encuentro. Me asomo al balcón, aspiro y aspiro a ver si el aire puede traerme, junto con un diente de león, esa semilla mágica de traslado a mi centro. Entro a la regadera, imagino que el calor del agua develará un mapa secreto en mi piel. Tomo café, con mucha prisa, miro en el fondo de la taza con la esperanza de leer mi regreso. ¿Tendré que ponerme zapatos rojos de charol -como los usé cuando fui bautizada- y hacerlos sonar tres veces siguiendo a Dorothy en el Mago de Oz? La búsqueda del regreso se ha vuelto divertida. Otros giros más. Vueltas entre los colores divertidos de las casas, bebidas de agualoca, visitas por la geometría, compras en el vivero: begonia, kalenchoe y peperonia. Entre la rotación y la traslación se ha movido mi eje, ya no hay regreso, y eso está bien.
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ResponderEliminarHola. Soy Ezequiel, amigo de Héctor y Uriel, a su vez hijos de tu amiga Yolanda; no sé si me recuerdes...
ResponderEliminarMe gusta tu blog. Tienes una agradable forma de escribir lo que ves.