La curva, de mis cejas despeinadas, esconde la cicatriz que tengo desde los cinco años. Mis ojos son los más pequeños en la familia. ¡Ni modo! No soy de ojos grandes. Pienso que debo cuidar esas patitas de pollo, hacerles pedicure antes de que se vuelvan patas de gallo. Mis cachetes, globitos de la fiesta del día anterior, no me gustan, pero al “físico” le encantan. Otra vez más, estoy dejando crecer mi cabello, ya pasa algunos centímetros debajo de la oreja, debo peinarlo detenidamente porque, si me descuido, se vuelve un bulto implacable, como si me hubiera hecho el permanente o como si fuera un árbol de la Patagonia. Mi nariz engañosa, de frente parece chata, pero de perfil se ve finita. No me gusta verme los dientes, me recuerda los años que usé frenos y las visitas insoportables al dentista. Mis labios me gustan, ahí se planta un imperceptible lunar café. Mi piel ha cambiado, por el sol, el frío, los años. Mis orejas, me encantan, siempre uso aretes y me ayudan a detener la terquedad del cabello.Con todo eso, aún no es suficiente.
Esa no soy yo.
Hay detalles que se escapan.
Sólo conozco mis ojos en el reflejo, nunca podré verlos directamente. ¡Es una lástima! A mí que me encanta ver los ojos de las personas. Sólo puedo verme en fragmentos. Mis ojos sólo alcanzan a ver mis piernas, manos, brazos, hombros; con esfuerzo y haciendo bizcos una parte de mi nariz, y si juego y me pongo traviesa también puedo ver la punta de mi lengua.
No me alcanza la mirada para develarme por completo.
Y el espejo no es suficiente.
Necesito al Otro.
Lo más importante es que te quieres, así que eres jalisquilla y además, tienes a un físico a tu lado?
ResponderEliminarGracias Gabrielle
ResponderEliminar:)