4.11.2008

Díganos usted.


¿El maestro debe decirlo todo?

A mí no me agrada la idea. No quiero ser el centro de todo, quién juzga desde la plataforma del aula, no, a mí no me gusta ese lugar. A los chavos les parece un lugar incómodo, pero muy seguro. “El díganos usted”, es un lugar que cansa, harta y molesta, pero es el territorio que conocen desde hace bastante tiempo. La fuerza de la costumbre: los otros deciden por los chavos, así no se mueven, no se comprometen, no se cuestionan. Mejor cargar con orgullo la inconformidad que, el peso de la responsabilidad esperanzadora. Los alumnos prefieren, aunque les harte, un maestro que sea dominante, que no los deje respirar, que sea él quién ejerza el poder. Los alumnos están acostumbrados a ceder el poder: díganos usted. Usted ponga las consecuencias, usted diviértanos, usted sabe. El maestro toma la banda del ejercicio de poder para poner consecuencias a los alumnos, pero no para transformar y activar. Pasar el poder al alumno mismo, que sepa que lo tiene y lo sepa ejercer, no es nada sencillo.

Una alumna decía, cuando le tenemos confianza al maestro nos ponemos al tú-por tú. La relación con el Otro reconocido como sujeto se diluye, sólo se le reconoce en su jerarquía o en el mote que se le pone: director, maestro, nerd, popular, fresa, naco, emo… En la escuela hemos dejado de ser sujetos, sólo somos una función, objetos puestos en el diario para cumplir con la tarea que corresponde a alumnos y maestros. Como el poema de Angel Guinda “Todo está hecho para que encajemos. Nos encajan la vida”. Así que, convivir con nuestras diferencias en un salón resulta un problema de reconocimiento del otro como sujeto. Los alumnos ceden su mismidad al maestro “haga conmigo lo que crea pertinente, usted puede hacerlo, yo no”. Los alumnos no entienden un plano de “igualdad” entre el maestro y ellos, no reconocen que la relación que se establece entre ambas partes debe y contiene un ejercicio de reconocimiento y aceptación. No lo saben porque no se les ha planteado, no se ha discutido junto con ellos este problema, y aunque yo no sé -ni debería saber- cómo hacerle, sé que junto con mis alumnos seguiremos pensando y buscando maneras de encontrarnos.

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